Leopoldo Marechal, más
que un escritor de amplio lenguaje. (enero
014).
Por
Eduardo Pérsico.
… porque Buenos Aires por su origen y sus frescos
aluviones no es una sóla ciudad, sino
treinta ciudades subyacentes y distintas. L.M.
Leopoldo Marechal nació en el
barrio de Almagro, Buenos Aires, en 1900 y moriría en 1970. En su inicio
literario sería apreciado por sus escritos en la revista Proa y luego como director
de Martìn Fierro, dos escenarios para la obra poética y narrativa de alguien con
perfiles trabajosos de conciliar a veces por él mismo. Antes de cumplir treinta
años,
el poeta Marechal recibiría en
1929 el Premio Municipal de Poesía por ‘Odas para el hombre y la mujer’, un
texto muy estimado luego entre la cofradía literaria porteña por su equilibrio
entre clásico y novedoso. Luego en 1940
obtendría
el
Primer Premio Nacional de Poesía con
sus obra
s ‘Sonetos a Sofía’ y ‘El Centauro’,
menciones que lo distinguirían antes de emprender su obra narrativa en 1948. Cuando
ya por entonces su obra poética lo hacía comparable con Jorge Luis Borges y ambos
serían mejor considerados años más
tarde.
Durante su niñez todos los veranos viajaba a
casa de sus familiares a Maipù, una localidad a trescientos kilómetros al sur
de Buenos Aires, en donde los amigos y familiares del lugar lo llamarían ‘Buenosayres’,
nombre que adoptara en su primera obra narrativa de largo aliento, ‘Adán
Buenosayres’. Novela donde se aprecian sutiles incidencias narrativas de
Roberto Arlt, -que Marechal nunca desmintiera frontalmente- y se publicara en
1948 sin conseguir vender ni la mitad de su escasa primera edición,
Aunque dentro del ámbito literario local recibiera
elogios muy entusiastas del poeta Rafael Squirru y del aún habitante de Buenos
Aires, Julio Cortázar. En verdad, no pocos culparon de ese inicial fracaso
a la concepción partidaria del autor,
peronista de la primera hora tanto política como afectiva, según acontece con ciertas
adhesiones
duraderas en el entramado
histórico y social de los argentinos. Sobre esa primera experiencia del
peronismo el mismo ferviente católico Marechal trabajaría en el campo de la
educación y la cultura, y él explicaría ‘al escribir Adán Buenosayres no
entendía como salirme de la poesía. Y me pareció que la novela no podía ser
otra cosa que el
sucedáneo legítimo
de la antigua epopeya de lo religioso y lo èpico’. Aunque en el
mismo texto del ‘Adán’, él
bien se entretuvo con varios personajes al ligarlos
con personas reales de su amistad y bohemios de la vanguardia porteña. En
el
astrólogo Shultze se ven rasgos
personales del artista Xul Solar, el filósofo Samuel Tesler sería Jacobo
Fijman, un judío converso al catolicismo, y hasta el mismo Borges, antiguo
amigo de Marechal pero alejados por el peronismo, es Luis Pereda, un poeta
criollista y algo ciego. En tanto el nacionalista Raúl Scalabrini Ortiz sería
el petiso Bernini y a Victoria Ocampo la ridiculizó como Titania en el Infierno
de la Lujuria. Digamos crueldad pero de intelectuales…
Después de viajar a Cuba en
1967, - donde fuera invitado como Jurado del Premio Casa de las Américas y hoy
allà su obra es muy elogiada – tal vez buscando cierta afinidad entre le
marxismo y el cristianismo a su retorno sorprendió con unos renglones imprevistos.
‘Recuerdo que una vez en cierto debate sobre el comunismo realizado en París,
creo que Jacques Maritain definió al comunismo como una ‘versión materialista del
Evangelio’. Pensé entonces que era preferible tener y practicar una versión
matrialista del Evangelio que no tener ni practicar ninguna’.Texto en verdad reflexivo
por la envergadura de su autor y que casi publica el semanario Primera Plana el
2 de mayo de 1967. Ya casi en máquina de impresión se levantaría ese texto por
esas cosas que suelen acontecer…
En su primera novela, ‘Adán
Buenosayres’ se pueden pesquisar unos pocos lunfardismos pero decenas de
términos habituales en el habla coloquial de los argentinos. Y ya en su segunda
novela publicada en 1965, ‘El Banquete de Severo Arcángelo’. el crítico Tomás
Eloy Martínez
observaría que la clave
cierta de esa novela era el lenguaje. ‘Ese territorio donde Marechal se revela
como un maestro. Su idioma es el que puede oírse en cualquier esquina de Buenos
Aires, está teñido de giros zumbones, de alguna invención lunfarda y del
barullo y la calidez que crecen en las conversaciones cotidianas’. Una certeza
elogiosa de que Leopoldo Marechal igual a su primera obra en prosa de largo
aliento,
señoreaba sobre su propio
lenguaje. Algo tan lejano de los escribas que hoy instalan cinco puteadas en un
renglón al sólo efecto de confundirse con lo popular.
Es casi saludable apreciar que
el Marechal del ‘Banquete’ apenas usara media docena de lunfardías; furca,
berretín, apoliyar;
y sabiendo que el
lunfardo
más que un léxico entre cazadores
de palabras ‘al bardo’ es un aire y una atmósfera, nos autoriza a ciertos esguinces
verbales siempre que por ahí respiren su comunicación los personajes. Según
acontece al mechar terminos adversos según optara él en ‘Megafón y la Guerra’:
‘escuche jefe, si esta mufa sigue yo me abro del happening y vuelvo a la
pizzería’. Habilitando más adelante ‘Flores, encajale un castañazo’ y que algún
otro bramara por ahí: ‘¿Cuál es mi oficio? El de mantener a una runfla de vagos
que apolillaban en sus catreras o aprendían a tocar bandoneones tan mártires como
yo’.
Pero en ‘Megafón y la Guerra’
publicado en 1970, Marechal
merodea más
que en lunfardías altisonantes en un tácito acuerdo con el lector, mostrando un
clima delirante y de atorrantes varios donde un tal Frobenius interrumpe
diciendo: ‘y yo haciendo uso de una metáfora porteña diré sólo que mi refutador
tiene un corso a contramano en la pensadora’. O más adelante ‘este pobre
náufrago quiere impresionar a la platea con un golpe de furca sentimental’,
sumando por ahí una terminología coloquial y de entrecasa. Aunque en ‘Megafón’,
su última novela, dispuso de algunos divertidos: ‘¿Y a usted qué se le frunce?
–dice la vieja divertida’. ‘A mí no se me frunce nada – le gritó la otra’.
El valor ético y estetico de
Leopoldo Marechal ayudó a quitarle marginalidad al lunfardo y a ciertos ámbitos
solemnes de la Argentina, en tanto él igual a Roberto Arlt frecuentaron
palabras y estilos en su comunicación naturales a las voces de nuestro pueblo.
Que en
definitiva son aquellas que
indican nuestra posible permanencia histórica en el planeta.
(enero 2014)
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Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en
Lanús, Buenos Aires, Argentina.
www.eduardopersico.blogspot.com