viernes, 30 de mayo de 2014

¿Un imprevisto hallazgo?



¿Un imprevisto hallazgo?.
                                     
Cuento, por Eduardo Pérsico.
                  
… y esa noche apagaron la tele para conversar.
     
      - Es sencillo Carina, yo me mudaré con mi marido y vos podrías mudarte con mi vieja. Te ahorrarías pagar alquiler y las dos se harían compañía - dijo la hija de Laura. Y Carina aceptó diciendo ‘con tu mamá nos apreciamos mucho’ y a otra cosa. 

       En el inicio de vivir en la misma casa, - Laura, cuarenta y cinco y madre de Lucía a los veinte,  y Carina cinco años menor y dos veces separada- se harian muy amigas al coincidir en gustos de comida o series de televisión. Y cuando la muchacha comentara que se veía muy gorda, Laura la tranquilizó.
- Estás regia pero igual yo me ocuparé de vos.
   Y además de agitarse con estiramientos y flexiones cada tarde, las dos se habituaron a cerrar la gimnasia besándose en la mejilla. Un gesto que repetirían al pasar por cualquier causa.       

    Luego de transcurridas unas cuantas semanas y Carina debía ir al cumpleaños de un sobrino,  Laura le recortó el  cabello y prometió darle sus masajes ‘milagrosos’, así  que al salir de la ducha la muchacha se bajó el toallón y la otra, inclinada sobre su cuerpo además de masajearla la besaría muy suave en la boca dos o tres veces. A eso Carina más bien pretendió actuar un gesto de sorpresa y por la noche, ya en el sillón de tomar el ritual vaso de vino blanco, apagaron la tele para conversar. 
-         Yo fui pupila en un colegio - dijo Carina y Laura reiteró aquello de haberse casado muy joven y que al morir su marido ella se sintió envejecer.
-         Al fin, la ternura entre mujeres es algo natural- se dirían de paso y al demorar ambas la mirada más de lo usual, sellaron ese acuerdo en el que Laura volviera a besarla y las dos se aflojaran entregadas a caricias más tiernas y profundas. Y en esa misma escena, al descubrirse las dos en un espejo casi adheridas mirándose a los ojos y luego Laura buscara besarla vientre abajo, Carina musitó un ‘por favor, me estás enloquciendo’. Pero claro, ya los sentidos actuaban sin retorno y de lo demás quien sabe…

    Acaso Carina con su éxtasis y Laura con su íntima inquietud recién lograda por primera vez, se desvelarían con tibieza hasta la madrugada en un feliz territorio que anhelaran recorrer acaso sin saberlo. (junio04)
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jueves, 15 de mayo de 2014

EL PRECISO MOMENTO. Cuento breve.



El preciso momento.

               Debo decir, señora, que ya es tiempo de cambiarnos el trato y rozarnos algo más al saludarnos. Digamos,  hacerlo más cercano cuando ausentes sus hijos y los míos –más que indiferentes- ni sospechan que recorro su blusa al decir ‘hola’, ni que usted sonríe porque le ha gustado y aguarde algo más sustantivo que una caricia al paso. No que augure el reino de los cielos; ¿para qué tanto? Pero al menos convoque algo debajo de su falda en mitad del salón y sin testigos. Porque usted y yo en este instante, defendemos la vida al desprender botones hacia su torso anhelante, en tanto su caricia ya navega el vello de mi pecho.Nosotros somos grandes, bien lo sabemos al recontar los años y algún nieto. Más los labios todo saben y diestros son los dedos en ejercicios de ternura. Nuestras bocas bien conocen que no existe el ‘demasiado tarde’ ni argucias de remontar el pasado eternamente. La verdad de la especie entró en nosotros y a pleno de la mutua ternura en este único cuerpo que es el suyo y el mío. Y también sea la hora, señora, de empezar a tutearnos… (2014)
_______________________________________________________________________________________________________________________________________________Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
                                               www.eduardopersico.blogspot.com 

lunes, 5 de mayo de 2014

Julio Cortazar y un vistazo a lo popular.


        Julio Cortázar y un vistazo a lo popular.

                                               Por Eduardo Pérsico.
              
…y me parece bueno decir que yo iba a esa milonga por los monstruos.
  
     La aproximación inicial al nombre de Julio Cortázar me llegaría al terminar el colegio primario en 1948 y yo ingresara como aprendiz al taller mecànico frente a su casa de la calle Rodriguez Peña y Alvear, en Banfield. El entonces tendría tendría más de treinta años y no creo que anduviera mucho por el barrio. Además, mi inquietud literaria llegaría más tarde por otros escritores, guiado por el inolvidable Raúl Larra con sus biografías sobre Lisandro de la Torre, ‘el solitario de Pinas’, y de Roberto Arlt, ‘el torturado’. Así empezamos y por ahí andaría la cosa…

       Unos cuantos años más tarde y cuando Julio Cortázar era ya figura de la vida literaria del ambiente, leería Las puertas del cielo, un cuento que transcurre en el popular bailongo Palermo Palace en 1942, y publicado en  Bestiario por 1951. Y acepto que me molestara repensar esa veta ‘elitista’ del personaje narrador; un abogado de clase media que denominaría ‘monstruos’ a esos argentinos laburantes que frecuentaban aquella milonga barata. Personas con otro estilo y otras pautas al fin bastante iguales a mi entorno, donde antes de los veinte años curtiamos la diversión de ir a bailar cada fin de semana; acaso como una constante que sin más explicaciones que valieran la pena, fuera un recurso por mejorar la convivencia con los demás, quiérase o no. Así que discurriendo por esa certeza y a propósito del cuento Las puertas del cielo, tras su lectura y relectura acaso me condicionara en descubrir ciertos términos de ensañamiento con tipos y ambiente del mismo relato. Que hasta podrían ser estimados muy mal por cualquier lector, en cuanto la persistente adhesión a un encono primario y desmedido en contra de una escenografía con personajes incluídos, que más bien aquí denuncian la visión escasa y mezquina de un amplio entorno desconocido y casi ignorado por el autor. Donde caen en la volteada de esa impiadosa visión los frecuentadores de milongas de ‘medio fondo’ iguales a nosotros; ese Palermo Palace, que Julio Cortázar renombrara Santa Fe Palace,  por extensión de visitantes habituales abarcaba desde La Enramada por ahí cerca de los bailongos de la costa de Quilmes, tan pintorescos. Sitios aquí descriptos o más bien imaginados con una visión poco amable y descalificadora de quienes así se divertían y ‘nos sentíamos vivir’. Según en este cuento él mismo Cortázar acepta de Mauro y Celina, dos personajes realzados sin duda por esa calidad narrativa habitual en él. Ese innegable escritor argentino que en este relato se desgasta en ‘asombros’ de un reciénvenido, más bien propios a la desdeñosa premura que suelen usar los ‘críticos comprometidos’ con cualquier asunto o escenografía no comprensible por ellos, y mucho menos  en tanto resulte ajena a su entorno. Tal vez un pequeño detalle pero aquí muy certero.

      Y en este cuento que sabemos escrito en 1944 y sin apenas sugerencias del peronismo venidero, igual en el país se insinuaba cierta movilidad que más se pronunciaría de 1945 en adelante, perìodo donde tanto se modificara el entretejido social de los argentinos por factores sumados a la creciente migración provinciana hacia Buenos Aires. Esa instancia que entre otras muchas venían cambiando el crecimiento  de la comunidad toda, y en cuanto para eso sobran las estadísticas demostrativas, quiéranse o no, semejantes certezas numéricas nunca deberían merecer el `desgano` del escritor Julio Cortazar en abundantes renglones de su cuento Las Puertas del cielo. Y veamos algunos: Me parece bueno decir que yo iba a esa milonga por los monstruos, y no sé de otras donde se den tantos juntos. Bajan de regiones vagas de la ciudad… las mujeres casi enanas y achinadas, los tipos como javaneses o mocovíes…las mujeres con enormes peinados altos que las hacen más enanas…A ellos les da ahora por el pelo suelto y alto en el medio, jopos enormes y amaricados sin nada que ver con la cara brutal más abajo…Además está el olor, no se concibe a los monstruos sin ese olor a talco mojado contra la piel, a fruta pasada. Uno sospecha los lavajes presurosos, el trapo húmedo por la cara y los sobacos…También se oxigenan, las negras levantan mazorcas rígidas sobre la tierra espesa de la cara… De donde salen, què profesiones los disimulan de día, qué oscuras servidumbres los aislan y disfrazan. Los monstruos se enlazan con grave acatamiento. El polvo en la cara de todas ellas y una costra blancuzca detrás de las placas pardas trasluciendo” .

        Por supuesto esta transcripción es fiel pero no absoluta, así que resulta muy útil  apreciar la premura descriptiva y casi ceñida a lo escenográfico que relata. Casi como si fuera habitual ese rictus de una intelectualidad en viaje de ida, tan habituada a denostrar  ‘el malgusto popular’ como si ellos fueran los superadores de todo aquello que imponga hábitos y costumbres. Un feroz percance que suponemos, no mereciera la autoría narrativa del argentino Julio Cortázar; el mismo escritor luego reconocido además de su obra por sus frecuentes y elogiables actitudes personales. Y aunque esta visión que comentamos Cortázar también la tuviera. Pero bué….(marzo 014)
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Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.


Fotos algo borroneadas. Cuento



Fotos algo borroneadas.

Cuento de Eduardo Pérsico.

              Repasar fotos sin ver nítidos los ojos de Ali me contradice. Se sabe que toda mujer presiente una cámara cerca pero pese a esas semanas que pasamos juntos, ninguna toma me devuelve su mirada. En esta del mercado y al pibe diciendo ‘no hay cerveza en el pueblo’ le cacé también a ella la expresión como en esta otra de tipos  jugando al dominó en la vereda. Las dos siguientes del viejo que cubre su calva con un pañuelo y luego exhibe feliz  sus dientes marrones, también ella se asoma. Luego no tomé al decirme el cochero Julio ‘por cinco dólares paseamos todo el pueblo en mi carro. Llevamos a la señora y luego andamos’, y ahí nos vimos. Ella viajó atrás bajo la capota de hule negro y al bajar me dejó su honda mirada al decir ‘Julio, dile al argentino como vivimos aquí en Cuba’, y ya en la siguiente el cochero me había confiado las riendas para enfocar él mismo mi compadrear en el pescante. Así que me dí el gusto de tararear ‘yunta oscura trotando en la noche, latigazo de alarde, sobón´, con una disculpa al digno Homero Manzi…  
   Por aquí se ven varios focazos del cochero Julio a la desolada estación de trenes, se divisa el vaivén de una mancha de aceite en el agua y a una viejita en bicicleta en pleno mediodía; buenas ideas con malos enfoques.  
- Mira, esa boya es el símbolo de este pueblo. Entró del mar con el huracán del año veinte y quedó allí, sobre la plaza– y ahí Julio malgastó su orgullo pueblero mientras yo cacé a unos pibes que envidiaban mis zapatillas. Y oficio aparte, es imbatible la sonrisa de cualquier pibe atorrante del planeta. 
-  Es que el enemigo nos pega con el consumo – y en cuanto Julio me inició el discurso le pregunté qué untarme en la quemadura del sol, y ahí recién aparece la primera toma de Ali. Negra de mi corazón y entre muestras de ropa colorinche refulge su piel oscura. En esta otra viene de su trabajo en la tienda, el pelo en la frente y su pose canchera de fiera en acecho pero hasta aquí en ninguna se aprecian sus ojos. Por suerte más tarde capturé ese clima de mundo detenido tras el cortinado rosa de su habitación, el derroche de luz en su escote y este focazo que agiganta a cualquier fotógrafo; mujer oscura en un tornasol donde ajusta un sombrero pajizo contra la nuca. /Qué poemas del Nicolás Guillén ni palmeras de Alejo Carpentier sueltas al viento/. Ella, Ali, mujer de cintura gruesa y ajena al  modelaje que vivía en Cárdenas y sólo al sugerir su ternura burlona en la mirada, era  una incitación a que el planeta siguiera su girar sin remordimiento. Quien sin palabrerío me enseñara que el amor solo existe con alegría y amar riendo es revolucionario; y en cuanto las fotos no registran todo, no existen las de nosotros dos boteros a la deriva, sin promesas y nuestra respiración fuera mutua. Y qué tan bien se apreciaban sus ojos.
- Vos tan blanquito, ¿imaginas a mi abuela ocultada en la selva? – bien sabía reírse al saberse novedosa y luego del resplandor de esa ternura, aceitara la quemadura de mis hombros. Todavía no repasé las tomas de su pueblo metro a metro pero aquí alguien enfocó la mesa de mi cumpleaños: velas, langosta, mucha cerveza, Julio con su mujer. ¿Dónde habré dejado la camisa china que me regalaron? Aquí la sonrisa de Ali se desborda menos y sus ojos parecieran volver a negarse. En verdad, no muy oscuros ‘sus ojos de azúcar quemada’ y siento ajena la tristeza de la última tarde; de contención de un solo lloriqueo y a un solo tiempo. Ni ella subida sobre mis pies a reflejarnos la mirada porque esa vez, juntos los dos y en silencio, le quitábamos el cuerpo a la tristeza. Y en aquel sin palabras de lágrimas sobre mi pecho y su rotundo cuerpo de hada negra última vez, carecí del coraje de musitar, al menos, su nombre diminuto. Ali, yo me protegí con esa porteña celebración de la amargura, que entre nosotros anda siempre a mano.
      Así al interpretar juntos con el cochero Julio la lluvia sobre el mar y una botella de Legendario ‘que calma todos los males’, y él repitiera constante ‘la vida es así, compadre’, el  matungo optó por llevarnos sin desvelarnos hasta el bus hacia La Habana. Atrás la botella de ron se hundía en el muelle y el aguacero crepitando en la capota despintara un mural del Che Guevara, así que de final Julio me sacudió jodidamente.  ‘Ali es una jeva muy mujer y tú le entraste en el alma, che’. Y en esa neblina profunda tal vez yo le tangueara ‘ya volveré a buscarla, te lo juro’. Aunque yo Ali, vos sabés... (abril.014)
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Eduardo Pérsico  nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina

lunes, 17 de febrero de 2014

Argentina y la confusión opositora. (Feb.014)


      Argentina y la confusión opositora.                                      
                                 
     ...y en este rumbo la oposición se desvaloriza cada día.  

Opinión de Eduardo Pérsico.
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     Con una inédita anticipación a las elecciones de recambio presidencial a realizarse en octubre del 2016, los opositores al gobierno de la presidente Cristina Kirchner profundizan por todos los medios de comunicación una ruptura del orden constitucional, al cuestionar sin mesura la validez del ejercicio desde aquí hasta su recambio, que debería darse dentro de dos años. Un planteo inédito de la oposición mediática a la cual se suman y enrolan - de modo políticamente temerario- todo aquel con aspiraciones a ser electo cuando sea y donde sea. Haciendo una lectura nada voluntarista de la verdadera instancia jurídica en la que transcurre la gobernalidad de los argentinos, absolutamente legítima actualmente, y en un país en el cual la posibilidad electoral de todo candidato habitualmente declina o aumenta en los finales de cada campaña por ciertos imprevistos que los medios de comunicación no logran disponer a voluntad, - según aconteciera con la elección presidencial que ganara Raúl Alfonsín y años más adelante con el casi imprevisto candidato y electo presidente, Néstor Kirchner- sobrarían los ejemplos donde los comunicadores del liberalismo económico más cerril y de mirada fija suelen perder de vista en sus anticipaciones electorales, como en otros avatares donde opinan sin rigor y según indican sus avisadores.  Una falencia ya casi risible al exhibirse cada día más opositor a todo acto de gobierno, sumando a esa oposición los gestos y poses de sus empleados televisivos, que anticipan tremebundas novedades super revulsivas que al fin, en el terreno del análisis conceptual se les derrumba por ser meramente discursivas. Limitaciones más que evidentes al invitar panelistas que de tan temerarios proponen el recambio anticipado de mismo gobierno nacional que obtuviera válidamente esa designación. Además ratificada en las elecciones de medio término al mantener su mayoría parlamentaria de las Cámaras representativas. Pero esta antiética tilinguería de lesionar el entramado social con imposturas desde canales de televisión y diarios afines, a cualquier ‘buena memoria’ la retrae a anteriores y viejas movidas hacia el descalabro nacional que aunque hoy sea ciertamente improbable, nos ilumina de la presencia constante de los mismos aciagos personajes, tradicionales muchos de ellos y otros recientes francotiradores emigrados o echados del mismo riñón político del gobierno actual. Por disidencias que se atribuyen a esa lucha constante dentro del peronismo como fuerza mayoritaria, que en esta instancia se exterioriza por el apresuramiento juvenil de dos o tres candidatos sin las horas de vuelo para encabezar la dirección de una política de masas. Aptitud dirigencial más que imprescindible si hablamos de peronismo en serio, y que en esta circunstancia exhibe en el escenario algunas inflexiones opositoras dentro de la misma fuerza apresuradas por algunos desplazados o desclasados de turno. Y que al preguntarse y  saber, quienes reciben hoy ese desgajamiento nada aluvional de la fuerza principal que es el peronismo,  no tienen un mínimo programa económico y político superador de la gestión actual de la presidenta Cristina Kirchner. En tanto  detrás de eso y según los nombres que se vienen sumando a esa novedosa filiación; y al margen de los ubicuos tránsfugas partidarios de circunstancia; no se vislumbran muchas figuras convocantes además de los buenos augurios de familiares y amigos, ni personalidades con legajo propio digno de incidir seriamente sobre el accionar y destino electoral de los argentinos. Más aún si contabilizamos que todo reemplazo de la gestión política actual debe contar con un piso o espectativa electoral a nivel nacional que supere al menos la mitad de los votos emitidos. Que no son pocos si vale recordar que cualquier alquimia ideológica que válidamente puede ensayar la oposición, debe ofrecerle al virtual votante mucho más que las editoriales de los medios de comunicación adversarios del gobierno en la Argentina de hoy. Y en tanto la historia ejerce la fatalidad de sus reglas como una resonancia de la realidad, hoy a inicios del años 2014 el apremio por sustituir un gobierno legítimo que termina su gestión en menos de dos años, es una propuesta estéril y propia de gente muy pero muy adolescente. Pero bué... (feb.2014)-------------------------------------------
Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.   
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jueves, 6 de febrero de 2014

NI MAS NI MENOS UN TAL BORGES. Cuento. .




Ni más ni menos un tal Borges.  
                                                                   Cuento de Eduardo Pérsico.

        yo, que por sentirme siempre un porteño sobrador y canchero, jamás me alejé de Buenos Aires.
     Ni bien en cierta reunión celestial o endiablada y vaya uno a saber por donde, al reiterarse las  contradicciones sobre la poesía significante y demás brujerías, el viejo Borges retomó su bastón y pidió salir a tomar un poco de aire.

- Un día la gente caminará hacia el sur… .

- … Pero no se orientará por las estrellas de los viejos navegantes  – le bromeó  un ayudante astral al tomarlo del brazo.

-  O tal vez persigan otra constelación más incierta - insinuó a media sonrisa el viejo-. Y por favor, camine sin llevarme a remolque; quiero estirar las piernas y dejar de escuchar frases sobre muerte, penitencia y fatalidad del tiempo. Esos trebejos que aburren a cualquiera.  

- Tal vez. ¿Le gustan los animales, Borges?

- No me desagradaban. Cierta vez me regalaron un gato llamado Peppo, un nombre horrible que yo renombré Beppo, como un personaje de Byron. Pero el gato ni se enteró y siguió viviendo. Murió y recién ahí aprendí a extrañar su pelaje….

     Y por ahí vagaría la semejanza del gato Beppo con los tigres, otra recurrida alegoría del ‘más grande escritor argentino’, en tanto el mismo suponía que él, Borges, de haber nacido perro sería un abacanado cocker spaniel, propiedad de alguna dueña veterana que al cepillarlo cien veces csada tarde le prohibiera trompetear tachos de basura en la madrugada. Sí, Borges hubiera sido un soñador perro de living sin necesidades – y quizá como estando en vida, todavía sonriera por esa idea. .

- Fuera de los caballos, que me atraían pero nunca  los traté de cerca, en mi vida pródiga en libros no abundaron los  animales – insistió el viejo. Y hasta Beppo, aquel gato más ventajero que atorrante que se dejaba acariciar, al presentirlo dormido sobre el sillón me atraía por ese enigma que nos suponen los gatos.

- ¿Los recuerda como a ciertos compadritos y gente de acción? .

- No, es diferente. Yo admiraba a cierta gente de acción; Juan Muraña, Jacinto Chiclana y algún otro de fama; tan diferentes en valía a la sensación de arrancar una anguila del barrial mierdoso que fuera el Maldonado entre el griterío de los demás pibes. Aunque  en mi memoria, nunca logré suplir esas ausencias con el trato de la palabra escrita…   

- Muchos dicen ‘Borges se equivocó al ironizar demasiado la política de su país’…

- Cada escritor vale por lo que escribe y nada más; y en esa tarea yo jamás descalifiqué gauchos, compadritos, indios ni laburantes. Aunque en mi último tiempo me tentaron a exhibir cierta estupidez política como un juego; algo horrendo en quien por sentirme siempre un porteño sobrador y canchero jamás me alejé de Buenos Aires ni de su esencia. Esas turbias sonseras que pronuncié fueron opuestas a mi anhelo de rumbear al sur cuando quisiera; una pena.
     
     Y sin que nadie ‘lo lleve a remolque’, según él pidiera por el arcano y oculto tal vez del ‘más allá’, ha de proseguir viaje ese viejo socio de nadie, criado tras una cancela colonial, ciego, piel transparente, inflexión inglesa al silabear ‘Borges quiere decir burgués’ y auténtico patrón de milongas y cuchilleros imaginarios o no, algo que resulta lo de menos… .

- Recuerdo una noche de invierno con unos amigos, buscasndo por varias calles de Barracas algún guapo de esos que reportaran los escritores- y esto nadie sabe si el viejo lo dijera o lo pensó. . .
¿Para usted lo popular fue una invención literaria?
-         No tanto, pero esa vez de un frío impiadoso anduvimos con Bernárdez y Mastronardi sin hallar abierto ni un bodegón de esos que mencionan los tangos. Las rituales de esquinas con gente de reírse sin tomarse en serio, según esa manera de ser más inteligente, por entonces cerrarían muy temprano..  

- ¿ Y no recuerda a un almacén con dos tipos en contrapunto y de provocarse hasta en la mirada? Uno era ‘El Inglesito’ que tenía su rostro, Borges; pero ahí usted lucía una seda al cuello y alpargatas de carrero cubriendo sus guarangos empeines. El mismo que hamacándose en el mástil de la guitarra; o del bastón, vaya usted a saber, anduvo desafiando ‘yo vine al sur porque estoy buscando un hombre y dicen que por acá sabe haber’. Y el otro cantor de flor montada en la oreja que afinaba desprolijo las seis cuerdas lo apuró, ‘no busqués roña Inglesito que te vas a arrepentir’.

- Esa idea me gusta, suena lindo – tal vez se dijera Borges.

- Entonces el que atendía el boliche desancló una faca y dando un cojonudo planazo en la mugrienta tabla de cortar fiambre, puso fin al contrapunto diciendo: ‘ Sí, de madrugada por aquí pasan al puerto unos estibadores muy guapos de verdad y hombres de trabajar aguantando el infortunio. Y ustedes dos, matones de carnaval, en mi casa están de sobra’ -los prepoteó el bolichero.

-  Otra vez escuché el mismo relato y no me disgusta. Yo ahí soy el Borges que me hubiera gustado vivir y sentir; payador de provocar en los bodegones, emborracharse con ginebra gruesa y pelearse por alguna hembra como cualquier mortal. Esas y otras imaginaciones que mucho sufrí por no disfrutar de cuerpo entero.  

-¿Y si volvemos al lugar inexplicable donde estamos, Borges?

-         - Estaría bien. Por más que esa gente insabora insista en saber porqué decidí morime en Suiza y privarlos de ser multitud en mi velorio, volvamos que este  frío me jode mucho. (febrero 014)
Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.

jueves, 9 de enero de 2014

Leopoldo Marechal, más que un escritor de amplio lenguaje.




Leopoldo Marechal, más que un escritor de amplio lenguaje.  (enero 014).
                                          Por Eduardo Pérsico.  
porque Buenos Aires por su origen y sus frescos aluviones no es una sóla  ciudad, sino treinta ciudades subyacentes y distintas. L.M.
     Leopoldo Marechal nació en el barrio de Almagro, Buenos Aires, en 1900 y moriría en 1970. En su inicio literario sería apreciado por sus escritos en la revista Proa y luego como director de Martìn Fierro, dos escenarios para la obra poética y narrativa de alguien con perfiles trabajosos de conciliar a veces por él mismo. Antes de cumplir treinta años,  el poeta Marechal recibiría en 1929 el Premio Municipal de Poesía por ‘Odas para el hombre y la mujer’, un texto muy estimado luego entre la cofradía literaria porteña por su equilibrio entre clásico y novedoso. Luego en 1940  obtendría el Primer Premio Nacional de Poesía con sus obras  Sonetos a Sofía’ y ‘El Centauro’, menciones que lo distinguirían antes de emprender su obra narrativa en 1948. Cuando ya por entonces su obra poética lo hacía comparable con Jorge Luis Borges y ambos  serían mejor considerados años más tarde. 
      Durante su niñez todos los veranos viajaba a casa de sus familiares a Maipù, una localidad a trescientos kilómetros al sur de Buenos Aires, en donde los amigos y familiares del lugar lo llamarían ‘Buenosayres’, nombre que adoptara en su primera obra narrativa de largo aliento, ‘Adán Buenosayres’. Novela donde se aprecian sutiles incidencias narrativas de Roberto Arlt, -que Marechal nunca desmintiera frontalmente- y se publicara en 1948 sin conseguir vender ni la mitad de su escasa primera edición,  Aunque dentro del ámbito literario local recibiera elogios muy entusiastas del poeta Rafael Squirru y del aún habitante de Buenos Aires, Julio Cortázar. En verdad, no pocos culparon de ese inicial fracaso  a la concepción partidaria del autor, peronista de la primera hora tanto política como afectiva, según acontece con ciertas adhesiones  duraderas en el entramado histórico y social de los argentinos. Sobre esa primera experiencia del peronismo el mismo ferviente católico Marechal trabajaría en el campo de la educación y la cultura, y él explicaría ‘al escribir Adán Buenosayres no entendía como salirme de la poesía. Y me pareció que la novela no podía ser otra cosa que el sucedáneo legítimo de la antigua epopeya de lo religioso y lo èpico’. Aunque en el  mismo texto del ‘Adán’, él  bien se entretuvo con varios personajes al ligarlos con personas reales de su amistad y bohemios de la vanguardia porteña. En el  astrólogo Shultze se ven rasgos personales del artista Xul Solar, el filósofo Samuel Tesler sería Jacobo Fijman, un judío converso al catolicismo, y hasta el mismo Borges, antiguo amigo de Marechal pero alejados por el peronismo, es Luis Pereda, un poeta criollista y algo ciego. En tanto el nacionalista Raúl Scalabrini Ortiz sería el petiso Bernini y a Victoria Ocampo la ridiculizó como Titania en el Infierno de la Lujuria. Digamos crueldad pero de intelectuales…
       Después de viajar a Cuba en 1967, - donde fuera invitado como Jurado del Premio Casa de las Américas y hoy allà su obra es muy elogiada – tal vez buscando cierta afinidad entre le marxismo y el cristianismo a su retorno sorprendió con unos renglones imprevistos. ‘Recuerdo que una vez en cierto debate sobre el comunismo realizado en París, creo que Jacques Maritain definió al comunismo como una ‘versión materialista del Evangelio’. Pensé entonces que era preferible tener y practicar una versión matrialista del Evangelio que no tener ni practicar ninguna’.Texto en verdad reflexivo por la envergadura de su autor y que casi publica el semanario Primera Plana el 2 de mayo de 1967. Ya casi en máquina de impresión se levantaría ese texto por esas cosas que suelen acontecer…  
       En su primera novela, ‘Adán Buenosayres’ se pueden pesquisar unos pocos lunfardismos pero decenas de términos habituales en el habla coloquial de los argentinos. Y ya en su segunda novela publicada en 1965, ‘El Banquete de Severo Arcángelo’. el crítico Tomás Eloy Martínez  observaría que la clave cierta de esa novela era el lenguaje. ‘Ese territorio donde Marechal se revela como un maestro. Su idioma es el que puede oírse en cualquier esquina de Buenos Aires, está teñido de giros zumbones, de alguna invención lunfarda y del barullo y la calidez que crecen en las conversaciones cotidianas’. Una certeza elogiosa de que Leopoldo Marechal igual a su primera obra en prosa de largo aliento,  señoreaba sobre su propio lenguaje. Algo tan lejano de los escribas que hoy instalan cinco puteadas en un renglón al sólo efecto de confundirse con lo popular.
       Es casi saludable apreciar que el Marechal del ‘Banquete’ apenas usara media docena de lunfardías; furca, berretín, apoliyar;  y sabiendo que el lunfardo  más que un léxico entre cazadores de palabras ‘al bardo’ es un aire y una atmósfera, nos autoriza a ciertos esguinces verbales siempre que por ahí respiren su comunicación los personajes. Según acontece al mechar terminos adversos según optara él en ‘Megafón y la Guerra’: ‘escuche jefe, si esta mufa sigue yo me abro del happening y vuelvo a la pizzería’. Habilitando más adelante ‘Flores, encajale un castañazo’ y que algún otro bramara por ahí: ‘¿Cuál es mi oficio? El de mantener a una runfla de vagos que apolillaban en sus catreras o aprendían a tocar bandoneones tan mártires como yo’.  Pero en ‘Megafón y la Guerra’ publicado en 1970, Marechal  merodea más que en lunfardías altisonantes en un tácito acuerdo con el lector, mostrando un clima delirante y de atorrantes varios donde un tal Frobenius interrumpe diciendo: ‘y yo haciendo uso de una metáfora porteña diré sólo que mi refutador tiene un corso a contramano en la pensadora’. O más adelante ‘este pobre náufrago quiere impresionar a la platea con un golpe de furca sentimental’, sumando por ahí una terminología coloquial y de entrecasa. Aunque en ‘Megafón’, su última novela, dispuso de algunos divertidos: ‘¿Y a usted qué se le frunce? –dice la vieja divertida’. ‘A mí no se me frunce nada – le gritó la otra’.
     El valor ético y estetico de Leopoldo Marechal ayudó a quitarle marginalidad al lunfardo y a ciertos ámbitos solemnes de la Argentina, en tanto él igual a Roberto Arlt frecuentaron palabras y estilos en su comunicación naturales a las voces de nuestro pueblo. Que en  definitiva son aquellas que indican nuestra posible permanencia histórica en el planeta. (enero 2014) ____________________________________________________________________  Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
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