domingo, 23 de septiembre de 2012

Verde y blanco a franjas verticales. Cuento.




      VERDE Y BLANCO  A  FRANJAS  VERTICALES.
                                              
                                       Cuento de Eduardo Pérsico.  
    
                                               …y su padre de grandota sonrisa gardeliana le preguntó ‘¿te gustó?’, él dijo ‘sí, mucho’ y el viejo redondeó ‘ojalá siempre te acuerdes’..


           ‘Por la última fecha del Campeonato de Primera División, en cancha de Banfield se enfrentaron el local y San Lorenzo. Ganó Banfield tres a uno y culminó así una buena campaña en el torneo’, anunció un diario el 8 de noviembre de 1942. 

          Aquel domingo del ’42 Pablito había sido levantado por su padre al festejar un gol de Banfield y la  imagen de camisetas verdes y blancas lo acompañaría siempre, y  por los años cincuenta probaría en el club su valor futbolero pero ya entonces los jugadores vivían lejos del barrio. Acaso desde ahí cambiarían sus vocaciones y aquellas alegrías que de chico crecían en su corazón, le harían repetir ‘el fútbol es otro servidor del Poder’; aunque la vez en que vendiendo libros por alguna provincia  y ser invitado a pelotear con otros viajantes, íntimamente disfrutó jugar vestido con el color de sus amores: verde y blanco a franjas verticales.
     
        Más en los años setenta algo lacerante desmadejó a Pablo: unos tipos con capuchas de pesquisar escritos rompieron su casa en la alta noche, violaron a su mujer y en una dependencia embanderada lo torturaron a gusto. Algo muy ajeno a una reseña deportiva en cuanto en una madrugada cualquiera, malherido hasta en su recuerdo de infancia, lo tirarían desde un auto y a otra cosa. Así que ya por los ochenta Pablo recaló en España y al afincarse en Sevilla, un amigo imprevisible lo iría integrando a compartir tabernas, agasajos y hasta una tarde de toros. Cuando él, Pablo, tan contrario al atavismo de la muerte gratuita, en un  luminoso 12 de octubre vomitara en la plaza de La Maestranza cuando el diestro Rafael de Luca, que esa tarde saliera por la Puerta del Príncipe, faenaba su segundo toro.
      
        Pero ya por entonces, cada domingo y acaso sin notarlo la dueña del piso que rentaba en esa calle La María, salía del mediodía al crepúsculo y de retorno, a veces con la mirada sin convicción se recostaba en un sillón a recordar, sencillamente. Y en aquel abismo de visiones mezcladas vería la alegría de su viejo con él en brazos al festejar un gol del chueco Farro, al azulgrana vasco Lángara colorado de furia pateando aquella pelota gigantesca y al negro Silvera, zurdo sonriente y jorobeta de correr contra la línea igual que una gallina. Tal vez su vida entera en esos fotogramas del Banfield tres San Lorenzo uno, cuando saliendo del estadio su padre de sombrero rancho y grandota sonrisa gardeliana le preguntó ‘¿te gustó?’, él dijo ‘sí, mucho’ y el viejo redondeó ‘ojalá siempre te acuerdes’...
         
      Hasta que por los noventa y en otro cansino atardecer de domingo, a Pablo le sacudió el pecho ese dolor profundo, definitivo, y al acomodarlo unos vecinos hallaron una camiseta futbolera  debajo de su cuerpo. ‘Del Betis’, comentó uno;  y sí, verde y blanco a franjas verticales.

Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.

domingo, 16 de septiembre de 2012

El tango y el lunfardo, dos perfiles ajenos al coloniaje



      El Tango y el Lunfardo, dos perfiles ajenos al coloniaje.

                                                        Eduardo Pérsico.

unos tipos de sentirse superiores mientras nadie les pregunte en qué consiste eso.

        Sabiendo que más preocupan cuestiones sobre la economía y seguridad personal, no pareciera oportuno discutir el origen de algún valor cultural de una sociedad. Más en cuanto a esa ‘preocupación’ me pidió opinión el escritor colombiano Ramiro Lagos, excelente poeta y gustador del tango con quien charlamos a propósito, - y creo que por 1992- en la York University de Toronto, Canadá. Y si ‘en la huella andamos y arriero somos’, es bueno arrimarle renglones al asunto.

        Durante años se afirmó que el tango en Argentina era un género que naciera sin letras alrededor de 1880, originario rítmicamente de la habanera cubana y que en los márgenes rioplatenses de Uruguay Argentina recibiera letras prostibularias y otros giros olvidables. Esto último sería demostrable; más afirmar que los primeros tangos sólo fueron expresión bailable del compadrito es temerario por cuanto de ese personaje sustancial en nuestra iconografía,  ya por 1845 se ocupara Domingo Faustino Sarmiento, - múltiple y contradictorio personaje de la inteligencia argentina- al decir en ‘Facundo Civilización y Barbarie’ lo siguiente; ‘en Buenos Aires todavía está muy vivo el tipo popular español, y todos los movimientos del compadrito revelan al majo. El movimiento de los hombros, los ademanes, la colocación del sombrero y la manera de escupir entre colmillos es de un andaluz genuino’. Pero  conjeturar que ‘ese andaluz compadrito’ del que habla Sarmiento recién tuviera canto propio medio siglo más tarde, por el 1900, fue un rebusque  para ocultar cada integración y movilidad social que ocasionara la masiva inmigración recibida. Pareciera una exageración, más aunque el diario La Nación por 1875 publicara dos esbozos del lunfardo firmado por el joven Benigno Baldomero Lugones, el designio de la  clase superior mandante; - los Nosotros, unos tipos de sentirse superiores mientras nadie les pregunte en qué consiste eso- sería desinformar todo lo posible a propósito del gentío común. Y sucedió que ante la descomunal ganancia de tierras apropiadas que les sobraba para construir castillos en medio de la pampa, esa poderosa oligarquía eligió oscurecer cada reflejo del sujeto social de la periferia: desde el `populismo` del conventillo con los rejuntes étnicos que producía tanta diversidad de credos, al lunfardo y  la picaresca sainetera de la compañía de Alfredo Gobbi y su esposa, sería denostada. Aunque al fin la indetenible realidad instituyera al tango cantable con Angel Villoldo; un creativo autor fundacional por su tema ‘El Porteñito’ por 1903 que ratificara en 1905 con similar raíz andaluza en su trabajo más notorio, ‘La Morocha’, con música de Enrique Saborido para Lola Candales, cupletista ‘española’ de moda en Buenos Aires. Nadie discutiría si ‘La Morocha’ era un cuplé en tanto exhibía a una mujer argentina ‘la que no siente pesares y alegre pasa la vida junto a su noble gaucho porteño’, pero alentó a vincular más al tango con el lenguaje lunfardo. Ese argot, código o jerga entre dos para que no se entere un tercero; y esos dos perfiles, juntos o separados, curtirían una manera subyacente que al fin siempre exhibe el argentino común.

        Tango y lunfardo son independientes entre sí por distinción de género y origen, pero íntimamente los integra su distancia con todo tipo de coloniaje. Una actitud que nos obliga, risueñamente, a criticar el fervor tanguero ‘argentino francés’ de los años veinte y que provocara una  inusitada reacción de la revista ‘El Hogar’ ante el peligro ‘que a los porteños decentes, desde París le quisieran imponer el tango argentino’. Pero bué, entre nosotros siempre hubo gente con mucha reacción...   

        El tanguillo andaluz, la habanera y el sentimental fado portugués,  menos apreciado pero evidente, le resultaron tan sustanciales al tango cantable como a la milonga le fuera la guajira flamenca. El ‘déjese de tanta milonga, no hable usted de más’, enlazaría la guajira acriollada porteña al cante andaluz que en 1857 cantara el español Santiago Ramos en el Teatro Victoria  ‘me dijo un moza al verme, tomá mate, che, tomá mate, que en el Río de la Plata no se estila el chocolate’. Y por 1868 apareció ‘El negro Schicoba’, de José Palanzuelo organista de la Catedral con texto de Germán Mc.Key, actor panameño que cantara bien andaluz ‘un tango cara cun tango, un tango cara cun té, dame un besito mi negra ahora que nadie nos ve’. Más tarde Manuel Caballero Bonald, en  Danzas de Escuela Antigua recordaría el ‘Bartolo tenía una flauta con un agujero sólo y su madre le decía, tocá la flauta Bartolo’, que en Uruguay sería por milonga y en Argentina la tanguearían ‘Bartolo deja esa mina, yo no la quiero dejar, porque me calza me viste y me da para morfar’. Resonaría por 1870 el tango acriollado ‘Queco vení pal hueco, Queco, te tengo que hablar’, bien pronto ‘El Tango de la Casera’ o del Recoletero sería entonado y bailado por muchos porteños ‘dignos’ en las romerías de Recoleta o del Pilar. Certeza que a cada negación histórica suele diluirla el tiempo.  
      
       La música del tango sintió cambios en su armonía y composición sin perder su identidad, al igual aconteciera con ciertas letras desparejas y vulnerables que mágicamente  perviven en el estilo literario argentino. Y a pesar que su temática abrume de lo personal a lo social, o que la hechura musical de hoy exija ejecutantes muy aptos en  interpretarla, obviando esas vanas discusiones el tango según expresión cultural sostiene el sabor y carácter de su raíz. Que tan bien estimara el más lúcido Jorge Luis Borges, el de ‘El Idioma de los Argentinos’ de 1928 y que en 1930 expresara: ‘de valor desigual por proceder de plumas heterogéneas, las letras de tango son un inextrincable “corpus poeticum” argentino que los historiadores algún día vindicarán´. Estimando ‘esas imperfectas letras atesoradas en El Alma que Canta’, revista bien popular que sin duda él leyera por entonces. .    

         Y hasta aquí sin ánimo de ocultar contradicciones de nuestra comarca ni agrandar las dudas del amigo colombiano. (set,12)
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domingo, 9 de septiembre de 2012

Guaracha al Corazón. Cuento.



GUARACHA AL CORAZÓN.

                           Por Eduardo Pérsico.

          Esta noche en el Queens cantará Paquito, Rey de la Salsa, se alegra Juana y contonea ante el espejo sus rotundas tetas tucutum tum tum en tanto elige la ropa de atender en su pequeño ‘apartament’ de New Cork, que no era poco. Y en el aguardo de un cliente se embute en sus medias negras, corpiño de sólo encaje y jubón de satén que algo le deja ver,  y sus tacones de quitar fácil para bailar descalza según el juego. Así en soledad y contra el duro frío se menea la Juana a puro tucutum tum tum de cuerpo entero, que bien tanto le luce.

           Buen fin de semana se le promete; acaso caiga nieve y ella se alista para el viejo Robert, infaltable si ya anunció caballeroso que vendría y él, espectador cada semana de su guaracha calentona es de cumplir horario y bien le paga por admirar su cuerpo categórico. Eso que se mira y no se toca y bien disfruta el Robert sólo desnudez cien dólares cada viernes, que pese a yanki ingenuo y frío según se dice siempre, él tanto se renueva ante el tucutum tum tum de la guarachera Juana. Por más hombre maduro de lengua afuera por subir cuatro pisos que cuelga su chaqueta en el asta de una silla y se extiende en la cama desbrozando bragueta en un reflejo ejercitado. De perder la mirada como apreciando el techo pero ya la Juana se enjuagó las axilas de sudor caliente y principia su ritual de calentura;  ‘y mira chico’ le dice en español insinuando in crescendo sus encantos según aprendiera de su abuela la putanga.

           Se contonea la Juana en lentitud al entornar sus ojos, fantasía de la ceremonia pero ahí mismo recuerda cuánto ayer la adularan en ‘El Patio’ donde de nuevo esa noche ha de actuar el Paquito. Y a ella tanto endulza esa atención latina donde se dice ‘la Juana es hembra modelo de publicidad y su inglés ya suena neoyorkino’. Si para ella veinte es ‘tuani’ y ciudad se dice ‘cery’ aunque no logre su legal documento por más que sea hembra tan deseada por muchos. Que al fin y cada noche pretenden convertir su trago en imperioso semen con ella a cada rato más hermosa según crezca la madrugada, aunque esos mismos tipos bien entienden que con Juana no hay viveza o coraje latino que la puedan si antes no se le paga…

         Pero ya vamos mi veterano Robert quietecito casi fingiendo mirar el cielorraso que la Juana ya tucutum tum tum bien cerquita y poco atuendo viene haciendo lo suyo, entre cuatro paredes dos espejos y esa cama que con Robert nunca usara, meta y dale tucutum tum mimbreando su lenta guaracha de culo juvenil que con buen contoneo es infalible. Y la Juana se apoya de revés en una silla y de cóncavo despliegue su trasero y esas piernas más largas a favor de oscuras transparencia. Con más su infalible tembleque tucutum tum tum con sus soberbias tetas ‘que la candela le baja de los hombros a esta jeva’ repetía su abuela al entrenarla.

      Ella en ese momento íntegro fetiche para el bueno de Robert y venga Juana humedeciendo su boca diseñada por Dios para inquietar varones, que el hacerse mirar es oficio del cielo y mientras existan obreras malpagadas o sirvientas a miserable precio, lo de Juana es virtud de ser hembra elegida. Tan codiciada en sus tumbeos de guaracha tucutum tum tum que nadie aprende con su primer cliente y cada oficio exige darse tiempo, sí señores. Pero a no distraerse Juana, si ya debes andar de escasa ropa en danza lenta de quitarse quitando breteles que te embretan; y muévete pez perca percanta desbrozando tus escamas de misterio que enciende a cualquier tipo con sólo imaginarte. Así que sigue bailando si esa noche ya te verá el Paquito, Rey de la Salsa, que también prometió documentarla y nunca pudo...

      Al aire su corpiño y el viejo Robert ya de mirada fija y ella en final de guaracha tucutum tum tum se despedía porque jamás es fácil entibiar el Village a puro contoneo.
- Siento frío, Robert. – cortó Juana su danza a pelvis descubierta y recién  descubrió una mano del hombre crispada en la camisa. Su guaracha tucutúm tum tum hizo lo suyo pero el buen Robert un yanki tan correcto no era de fingir caerse muerto en un cuarto piso sin ascensor. Un viernes al anochecer en que ya nevaba sobre New York y en un rato actuaría Paquito el Rey de la Salsa. (Set.012).
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domingo, 26 de agosto de 2012

CÓDIGOS Y LIBRETOS DE ALTA CLASE.


             CÓDIGOS Y LIBRETOS  DE ALTA CLASE.  

Por Eduardo Pérsico.       

      En la  relación entre nosotros no hay equivoco ni duda; en nuestra clase sólo existe seguridad y confianza. Ramón J.Cárcano, político argentino de clase alta.(1860-1946).                                    
        
         Es norma y estilo en toda clase alta, que todo integrante de ese ‘Nosotros’ comparta y suscriba cada proceder del grupo. No valen objeciones a la existencia del grupo como tal y aunque eso lo asemeje a otros, el considerarse superior les habilita criticar lo ajeno o inferior. Así por acentuar sus  perfiles de hegemonía social el individuo de esa clase, primordialmente descalifica toda expresión cultural o política que favorezca el bienestar y la igualdad de todos. Y quizá esa reacción de clase mandante ante el peligro de perder sus prerrogativas por el ingreso de nuevos actores sociales, sea el mayor riesgo que presiente cualquier integrante del ‘Nosotros’. Ese ámbito de clase al que aspiran ingresar otros sectores económicamente pudientes, decadencias aparte aún sostiene cierta alianza de prosapias y apellidos que no se consiguen por decisión propia. Universalmente el ‘Nosotros’ mandante con sus códigos y pautas, deriva de sentimientos comunes difíciles de penetrar, como son por ejemplo la  resistencia a lo exterior según la gratificación o penalidad sociológica que algo le implique al grupo y su estilo de comunicarse.             

      Por usanza y tradición la clase alta vive vinculada al negocio financiero de endeudar a sus propios países. Además de Goldman Sachs, Fondos Monetarios demás corporaciones, ningún funcionario o ministro económico de esos países desconoce que al primer amague de reducir la distancia entre ricos y pobres, el Poder lo ataca por inaplicable y expropiador. Prontamente y a coro vociferan contra ‘el populismo que amenaza las libertades y la propiedad’, y con mejor inflexión de voz  pontifican y publicitan el delictivo negocio financiero de generar dinero desde hipotecas desde su redacción. Maniobra que últimamente los haría blindados banqueros como sucediera en el ‘corralito’ del 2001 en Argentina: los financistas primeros en cobrar y ahorristas comunes, engrosar los defraudados y a otra cosa.

           Capitalismo liberal a ultranza fue nombrado ese garantizar dinero con intangibles bienes a cambio, como sucedió en Europa al aquietarse la reinversión y la lógica matemática los desembocó en un festival de hipotecas incobrables. Perjuicio que ni roza las clases altas y aplasta los derechos del ciudadano común, quien hoy ignora cuándo él volverá a su condición anterior tan alejada de la creación de bienes con más trabajo agregado. Ese régimen productivo que tanto financistas como clase alta desprecian por keynesiano o según se llame, y ajeno a estos artificios   donde los bancos no pierden aunque se caiga el mundo. Pero bué, esa es la historia. 

        El desapego hacia el resto de las personas mejor lo sugieren los medios informativos más conservadores del planeta, cuando ni se inquietan o mencionan que esta defraudación le asegura tiempos durísimos al gentío común. Sus editoriales silencian o deforman las movidas cotidianas de multitudes en las calles como si sus participantes no interesaran; indiferencia no  casual ni oportunista en cuanto jamás alguna clase históricamente elevada ha internalizado o registrado los pesares ajenos. Su  primaria reacción conservadora atribuye los males a quien lo padece y no les atañe a ellos.  Ninguna memoria social o colectiva los involucra y por naturaleza o virtud de clase oligárquica, fingen ignorar toda desigualdad o miseria verdadera.     

        La actitud de cada grupo ante una crisis suele diferir, pero la reacción de las clases enriquecidas gracias a la desigualdad en sus países en América Latina, es integrar el equipo que receta el inmediato ahorro del gasto público. Y pese a que les convendría guardar silencio accionan con el mismo reflejo que usaron contra el peronismo y su movilidad social en Argentina por 1945 y a todo gobierno que no los confíe el manejo de la cosa pública. El mejoramiento desde abajo lo descalifican sus medios informativos, y con los ocasionales socios que aparezcan suelen agredir a todo gobierno que presione sus obligaciones impositivas, por ejemplo. Porque la evasión naturalmente les corresponde aunque registren excelentes balances como los exportadores de alimentos y productos primarios en toda América Latina. Y la feroz embestida antiperonista en  Argentina le aplicaron al socialista Salvador Allende en Chile, a quién le cargarían ser agente del comunismo internacional y otras yerbas como por estos días, le endilgan a Hugo Chávez en Venezuela. Y con la misma mala leche suramericana insultan a la presidenta Kirchner en Argentina, Correa en Ecuador y a cualquier otro de último momento.

      Por esa misma constancia de sentirse ‘Nosotros’ y negar todo aquello no dispuesto por ellos, esa alta clase niega el reloj de la historia que sigue en su tarea. Y aunque estos tipos sigan ocultos en la escena, en no pocos países les vieron el ropaje de integrar el elenco y lo demás es tiempo. (Ag.2012).

Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina. www.eduardopersico.blogspot.com    

jueves, 16 de agosto de 2012

CHAU. Cuento. (agos.012).


CHAU.

                            Cuento de Eduardo Pérsico.  
                                     
                                                              … y nos hicimos un amor última vez,
                                                   negando la sórdida pena de los condenados.


        Esto de sentirme sin ganas tal vez sea un problema generacional, pero te aseguro Susana que al ver a mi mujer y los pibes pienso en agradecerte. Al menos si  me atropellan ideas remachadas con alguna frase hecha: ‘existe un ordenamiento superior en todo’ o ‘la vida de cada uno ya está escrita en alguna parte’ son de catecismo- Vos conociste mi encono contra eso porque ‘todavía soy ateo gracias a dios’, según nos repetía el gordo Polino, pero mística aparte esta inseguridad nos aparece al pretender averiguar si uno está con vida y le emergen los por qué y los para qué; terapias de confesionario en unos o de psicoanalista que los exima sin culpa a tanto por consulta. Pero nos conocimos ha mucho y sabrás Susana de la disyuntiva en tipos llenos de vivencia en el discurso que deben pellizcarse a veces por saber si están vivos; y volver a tu recuerdo es mi manera actual de pellizcarme. Porque ese refrán  que mientras uno ame a una mujer o pueda tomarse un vaso de vino, está vigente, ni siquiera son refranes y mi agradecerte hoy a vos me llega cuando las mujeres viven con otro y todas las botellas están vacías. Porque además de añorar aquel tonelero pastoso que tomábamos con Polino y el negro Cuenca en las mesitas de patas chuecas del tano Santo, vos nos acompañabas con un traguito y nosotros recitábamos discursos como si fuéramos Monteagudo o Simón Bolívar. ¿Te acordás Susana? Así que hoy recupero aquel juego donde perder una idea dolía igual a romperse una costilla, - y ni siquiera sería un juego- nosotros discutíamos a Lenin, negábamos a Dios por rescatar a Jesucristo que estaba de nuestro lado, o le exigiríamos a Perón cuando volviera terminar enseguida su tarea; además que si bien Evita muriera en 1952 él debería seguir siendo peronista. Y el negro Cuenca que trabajaba en un editorial y nos traía material, se reía porque Engels para ser mejor filósofo usaba barba, y también cuando a Carlos Marx le corregían sus escritos sus hermanos Groucho y Harpo.

          Un farragoso barullo que ni siquiera divertía, me dijiste otra noche de  escucharnos; Susana con tu pelo negro, tu dientito encimado y luego esa naturalidad en quedar desnuda en mitad del cuarto mirando a ese pibe temeroso de perderme entre tus muslos cálidos. Vos, la primer mujer que instruyera a mi ternura nueva y casi como al pasar, una noche ya fumando un cigarrillo luego de amarnos me reprochaste a media sonrisa por secundar a mis amigos en ser hacedor de frases que no iban a ninguna parte. Algo así me dijiste y nos dormimos abrazados en el cuartito al fondo en casa de mi tía y yo ni pagaba la luz. Vos también lo sabías y me reprochaste alguna noche de dormirnos ahí y al amanecer vos partías al tallercito de tu tía a confeccionar blusas de mujer,  y de ahí yo ligué alguna camisa de medida. Pero entre nosotros no todo era adherirnos dos o tres noches por semana o celarnos por las pibas que yo pretendía instruir sobre la función social de la mujer, si al fin y sin ningún golpe bajo vos me insistías en no ser un desocupado que no jodía a nadie y menos a vos. Si al fin mi discursito de incompatibilidad con el sistema ya lo escuchaste al hablarnos en el ómnibus la primera vez, aunque al decidir volver a vernos me sonreíste con tu espontaneidad fresca y algo me dijiste del asunto ‘trabajar’. Y esa noche al llegar a mi pieza, aquel asombro tuyo del porqué yo no lo hacía, me cargó una pregunta golpeadora del hombro. Algo que escurrí  hojeando los Principios Elementales de Politzer y releyendo varias veces el mismo párrafo, para dormir de madrugada con cierta molestia en las ideas. Porque revisando cuanto sucediera en nuestro debate perpetuo, a fines del sesenta aquella bohemia sin destino contra las ideas viejas ya crujían entre los ecos de opacas represiones con algún conocido torturado por la cana. Así que todos volvimos a dialogar a media voz y mayor miedo en tanto los toques de actitud revulsiva fueron en descarte; una efímera moda que vos ni aprendiste Susana acaso por intuir esa imbécil matanza que nos jodiera a todos.  

Pero hoy quisiera decirte sin renglones sensibleros de novelón antiguo, que yo siempre despreciara por jugarla de un líder en ciernes y al dejar de vernos recién me pregunté,  líder de qué.  Si yo ni supe gritarte cuánto te quería y acaso ni entendí cuando al ver a la vieja Sabina cubriéndose con un diario aterida de frío en la estación Escalada, murmuraste ‘alguna vez fue un bebé’ y yo ni ahí pude interrogarme qué haríamos por ella antes de La Revolución. Apenas un trance que superé pronto si vos seguías a mi lado y cada tanto te trincabas en mi boca en la búsqueda de esa eternidad que las hembras persiguen cuando quieren en serio. Ese arraigo de las hembras con la vida que bregabas por explicarme y luego supe que era sentirse vivo con la sangre llena de árboles y guitarras; apenas eso. Y por eso quizá, al ver a mi mujer y los pibes te digo gracias Susana por esta manera del arraigo y alguien deje testimonio de mi existencia, y porque vos tanto me cambiaste que sin notarlo una mañana me convertí en un peón ferroviario de acomodar rieles y durmientes en la estación de cargas entre Lanús y Escalada. Sumando allí mi mejor tiempo cerca de gente poco inquieta por asuntos que no percibían muy bien, más tan hábiles y capaces en frenar jodiendo sobre ‘la objetivación de los hechos’ y otras tantas frases de los ateneos. Porque en el boliche seguíamos  con la ‘praxis’ y demás yerbas intelectuales, afónicos gardeles de la revolución, pero al entreverarme con los ‘clase obrera’ supe que de ellos no sabía tanto. Tanto que bien recuerdo tu sonrisa al decirme que esos hechos de la realidad nunca te esperan, opinión certera no porque cambiar el mundo no lo mereciera cuando era octubre del ’67 y al gordo Polino en Bolivia le habían llenado de plomo las ideas. Y al encontrarnos alguno dijo que el gordo había cumplido con él mismo, tan cierto como que sin joda los tiempos venideros serían de gran tormenta. Por ese tiempo entré a trabajar diez horas por día en una librería donde me presentara Polino, otra actitud  de vida mía que vos bien hubieras merecido al ingresar en Medicina y te pedí darnos una práctica de anatomía. Otra puntual gilada que no iría a ninguna parte frente a tu estilo personal de aprovecharte toda, en tanto yo no dejaba el cuarto trasero en casa de mi tía  y cada día nosotros quedábamos más lejos.   

Y en cierto anochecer presentí qué muy cerca nos ambulaba el chau.; más  al repetirse el orden de tu ropa sobre la silla y el modo de inventarme de nuevo el amor, al estirarme en la cama con recelo en tocarte sabiendo que temblabas, percibí tus ojos lluviosos y abiertos al morderme la boca y preanunciarme que nos haríamos un amor última vez negando en cada gemido la sórdida pena de los condenados. Fue un entresueño mutuo sin demora ni tiempo, sin hablar lo sentimos, y al volver a mirarnos te vestías sin apuro detrás de una velada película y la almohada enjugaría varias gotas de sal de tu despedida. Allí también se quedaría la memoria de tu pelo negro y la forma imprescindible de tu cuerpo, y yo ni rebusqué el cinismo de los poetas de mi Buenos Aires querido que cuando una mina los deja se escriben un tanguito y a otra cosa  Porque no habría más otra cosa, Susana; aquella fue mi tarde agonizada de tristeza como si fuera domingo, sin sitio donde perpetuar mi ternura ni la necesidad animal de sentirme realmente vivo encima tuyo. Más todo va conmigo sin olvido ni tiempo y vos desde la puerta apenas me dijiste chau. ¿Te acordarás Susana? (Ag.2012)
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Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive an Lanús, Buenos Aires, Argentina.    
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martes, 7 de agosto de 2012

Cuando el dinero más esquivo al control se inquieta.


Cuando el dinero más esquivo al control se inquieta.
                                   Por Eduardo Pérsico.
/Cuánto autoritarismo/. Con tantos controles para comprar y vender  dólares, nos caemos del mundo. (Coro estable del neoliberalismo argentino). .  
                    
      La voz más acallada entre los economistas del sistema capitalista vigente figura el uso que los dineros no declarados por los sectores de la economía mundial en cada país, mayormente vinculados a operaciones en el comercio internacional. Algo que suele estimarse inevitable en una interpretación que hasta casi sugiere cierta complicidad entre los técnicos económicos que no dramatizan por semejante flagelo, y los manejos poco transparentes de sus clientes del quehacer de importaciones y exportaciones. Entre los argentinos, que a la moneda espuria llamamos ‘guita negra’, hoy esas maniobras de evasión impositiva son casi bienvenidas por los medios de comunicación, - radios, televisoras y entusiastas editoriales de los grandes diarios- con sus vacuos discursos anti estatistas y en general, contrarios al interés de cada país en particular. Y para esos arduos fabricantes de opinión contraria, el proteccionismo estatal fomenta la evasión de los dineros del contralor impositivo ‘con tantas trabas y controles al libre comercio’; un libreto falaz y muy barato que equivale a quitar el derecho jurídico de cada país a defender su presupuesto con medidas recaudatorias contra la evasión ilegal de dinero. Los grandes contribuyentes y estos medios estiman el cobro de impuestos un simple atropello expropiador donde cada medida de control estatal es ilegal, por más que eso signifique en buen romance el derecho jurídico que cada país apto como tal, haya establecido. Y esas lamentaciones del liberalismo económico reiteran la certeza de que los poderes del dinero siempre han actuado contra el Estado regulador de las relaciones en general; un derecho que los grupos  del Poder pretenden escatimarle a la democracia verdadera.
     Hoy mismo y  dentro de la sociedad norteamericana durante el gobierno de Barack Obama,  se repiten opiniones de cuando el entonces presidente republicano,  Ronald Reagan, sugiriera el blanqueo del secreto existente en los bancos suizos. Un matiz que el mismo Reagan, nada afecto a ponerse en contra de un liberalismo financiero sin control, debió utilizar entonces ante ciertos desafueros y desmadres de la banca blanqueadora que ya afectaba a la economía norteamericana. Y tanto Reagan como el mismo Obama se han referido a esa misma banca tan añorada en América Latina por los tradicionales dueños de la tierra y la orientación liberal, quienes con sus perpetuo encono a las regulaciones al liberalismo agroexportador más vetusto y cerril, ni bien pueden  acrecientan sus quejas en los medios contra el gobierno de Argentina que sea. Un conjunto organizado casi en mostrarse como seguidores a ultranza de las libertades en general, pero siempre vinculados en la realidad con alguna guarida bancaria encubridora de cuentas numeradas y secretas; tan óptimas a la más grosera evasión fiscal del país donde esa riqueza se genera. Y ese  discurso de las libertades que los países desarrollados brindan a los inversores, léase Suiza en particular, resulta el preferido de los publicistas y opinadotes escritos y televisados al pontificar ellos sobre la ‘sagrada libertad comercial’ y demás lugares comunes . Incluyendo en ese libreto la confidencialidad protectora ante el abuso de cualquier gobierno autoritario o socializante contra de la propiedad privada. Pero bué, apenas tal vez sean recursos semánticos …
      Lo curioso se exhibe hoy por la mucha prensa que reciban varios próceres de la ‘ciencia económica’, - calificación harto temeraria- que por siempre sirvieran a las grandes fortunas en Argentina en gestionar la fuga de capitales y la intermediación con la banca extranjera que históricamente fuera receptora del dinero no declarado legalmente en nuestro país. Personajes que ocuparan ministerios durante la gestión de Carlos Menem , del radical De la Rúa y dos o tres que hasta funcionaran en cierta etapa considerada de gobierno kirchnerista, siguen teniendo cámaras y micrófonos a disposición. Con derecho, por supuesto, de nuevo se exhibe Domingo Cavallo, - tan recordable por su privatizadora calamidad durante Menem que luego pretendió reflotar con el gobierno del radical De la Rúa, y todo ese engendro numerario obligara a la fuga íntegro del gobierno y produjera otro caos económico del los neoliberales contra los argentinos, y estavez en el año 2001. Y no solamente el intrépido Cavallo, un confeso agente del capitalismo financiero reaparecido últimamente en diarios y televisión, sino hasta pareciera llegar secundado por esos jóvenes emprendedores que ignorando los números de la realidad europea actual y el decoroso avance económico de los últimos tiempos en Argentina, persisten en pontificar, rogar y exigir, - ya que estamos- una devaluación inmediata del peso ante el dólar. Instancia que ni mágicamente ha de mejorar la realidad económica del pobrerío, pero si la de ellos en cuanto las comisiones a cobrar en los paraísos fiscales; incluidos los que operan en Suiza, no dejan nunca de ser muy generosas. Pero los medios de información concentrados en la tarea de fabricar opinión, no apenas por defender cada uno su propio interés corporativo sino por su tradicional proyecto hegemónico, en América Latina al menos, siguen luchando a favor de un mundo desigual por esa sencilla convicción que persiste en su propia naturaleza. (Ag.012).  
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Edua                           Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires,Argentina.   
    
               www.eduardopersico.blogspot.com

sábado, 4 de agosto de 2012

Hay quienes al Mingo Echeverri, ni en sueños. Cuento.


 Hay quienes al Mingo Echeverri, ni en sueños.  
                                              
                                           Por Eduardo Pérsico.
         
        Después de mucho leer sobre quienes somos los argentinos y a qué suburbios nos llevaron, - al tiempo de mandarse múltiples copas de un Chardonay bien frío- el atemporal Periodista Especializado Mingo Echeverri cayó en una feroz sueñera de ronquido y delirio. Y al despertar, extrañamente recordaría detalles de un delirio de ‘tradiciones nacionales ’, eternos dueños de la tierra y cierta mujer que tanto amara y llegara al sueño sin motivo. O quién sabe, corazón…  

- Adelante don Echeverri, mucho gusto. Hace un tiempo he sabido de usted y pase nomás que aquí somos gente de campo – lo saludó un fulano atenuando la voz  por quitar brillo al entorno y lo invitó a tomar algo. Y al agregar lo suyo al sueño, al Echeverri lo divertía ese teatral despojo de la riqueza que simulan los ricos, y él  bien aprendiera de aquella secreta compañera de ternura en tardes imborrables. De sentir ambos el amor hasta los huesos y tal vez sin notarlo, a los dos les llegarían los quizá y los acasos en cada encuentro; y por más que una vez él prejuiciara ‘las hembras como vos no lloran nunca’, al separarse hubo sollozos que enjugara la ducha y él jamás pudo agregar esa mujer a sus olvidos. Ella, de sonreír al sentenciar ‘la cohesión de grupo no la heredamos de unos mercachifles que hicieran guita; el campo es otra cosa’, o ‘junto a esta frivolidad tilinga nosotros tenemos conciencia social’; y al final de la frase solían  encimarse a reírse más juntos.    

- Cumplimos generaciones limando diferencias; es lo mejor – siguió el tipo.Y ni bien una profesional amiga me dijo que usted sabía mucho de política, me permití invitarlo, -- y ahí el Mingo aguardó ¿vos no serás comunista, no?’, que el otro no dijo.    
- … antes la izquierda nos preocupaba más - oyó al primer balde de  pertrechos con hielo. El Mingo se auguró una charla para varias botellas y al mencionar el otro a ‘unos amigos Políticos de Carrera’, él le bromeó ‘sí, los políticos de carrera se entrenan corriendo cada mañana tras el presupuesto’, y el otro le sonrió casi fugaz.     
- Vea Echeverri, hoy los diarios culpan menos al marxismo leninista troskista que  esas bandas que se adueñan de la calle, la puta madre que los parió- y ahí el atemporal Mingo Echeverri se mandó un robusto trago y apretó al tipo ‘dejate de boludear, che. Ahora yo te pregunto, vos me contestás y ambas puteadas valen lo mismo’. El otro ahí convencido de conocer cada respuesta aceptó más contento que mono que se encontró un reloj, mientras el Mingo repetía de Chardonay de la gran puta.       

- Recordame la ley de residencia por 1900 con sus infames deportaciones, el Estado de Sitio al festejar el Centenario en 1910, la masacre de obreros en la Patagonia por 1921 y alguna otra violencia que te acuerdes- apuró el atemporal Periodista Especializado .  
- Muy fácil, nosotros pedimos inmigrantes del centro europeo y nos desbordaron los conventillos de Buenos Aires con tanos anarquistas. A la mierda con ellos. Y en 1921 en la Patagonia se nos  infiltraron mafiosos gallegos y chilenos a robarnos la tierra conquistada  a los indios, y  en cuanto ordenamos a los militares que se ocuparan, al carajo con ellos. Todos deberían honrar nuestra gloriosa Conquista del Desierto y  la gloriosa Liga Patriótica con jóvenes de familia como mi padre, que lucharon desde su automóvil contra los atorrantes de la huelga en Vasena - y al Mingo le resonaron varios apellidos actuales de aquella secta,  pero eligió seguirla.     

- Ustedes echaron al presidente Irigoyen en 1930, en 1955 patearon a Perón y en 1976 ensangrentaron el país entero, siempre integrando la perpetua comparsa del odio siempre que sale a festejar.      
- ¡Qué odio? Es conciencia grupal. ¿Dijiste Irigoyen? Nos caíamos del mundo y radicales y socialistas nos ayudaron para echarlo. ¿Pacto Runciman Roca? Un acuerdo perfecto con los ingleses; Argentina granero del mundo, camisas y robe de chambre de seda, casimires, scotland whisky y a festejar a Londres. Vendíamos una vaca y viajábamos a Europa; ¿qué te parece? Y si en los años treinta los dejamos elegir unos diputados para hablar boludeces, eso fue asunto te ustedes.
     Y ahí el Mingo Echeverri recordó la nota que un tal Blaquier de la Sociedad Rural le enviara a los militares golpistas en 1955. ‘Nosotros les ofrecemos nuestra clara y decisiva colaboración y quiera la Divina Providencia iluminar los designios de vuestra gestión gubernativa’. Y más frases que repitiera esa misma Rural y la Cámara de Comercio a los genocidas Videla Massera y elenco estable: ‘desde abril de 1976 a la fecha se recuperó la confianza internacional y conquistas en el campo social y económico’.  

- Esta bien, Echeverri. Pero no me hinches más las bolas cuando tus sindicalistas son todos millonarios – un contragolpe que el Echeverri soportó por tanto recibir en su vida más rempujones que mostrador de boliche. .     
-  Ah, ¿sólo por eso no quieren un Estado donde comamos todos?    
- ¿Qué? Eso nunca, ni en curda. La tierra es nuestra, la patria es el campo o al revés, y quienes no honran al glorioso general Roca que se jodan. Y te digo, si los milicos del 76’ se quedaron cortos y arrugaron por boludos, que hoy se aguanten la suprema corte del derecho humano y se mueran en cana. Y más te digo, de esa historia me gustaría ver a muchos zurditos desaparecidos trabajando el campo de sol a sol.   .  
- Qué cabrón, ¿y vos algún día trabajaste de sol a sol? – más ya tanto vino, ‘algo habrán hecho’o ‘por algo será’ y ‘se debe respetar por la propiedad privada’ habían hecho su tarea sobre el Mingo Echeverri.   
  - ¿Quién, yo; gente como nosotros laburar en la tierra? Ni locos, che, ¿ o para qué está la peonada?
     Y en su oración el dueño de casa rebuscó la chillona risa tono agrícola ganadero, algo destemplada.  
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Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.