viernes, 4 de marzo de 2011

Borges, un compadrito frustrado y quizá por eso...Cuentos, opinion, poema. .

________________________________________






Presentación

Novelas


Cuentos

Lunfardo en el tango
y la poética popular

Borges, compadrito
frustado

Selección
poética

Columna
de opinión




Borges, compadrito frustrado; y quizá por eso...

NOTAS EN ESTA SECCION
El compadrito Borges (entrevista a Eduardo Pérsico) | Laberinto de Gardel y el inglesito (cuento)
Un tal Borges, el amigo de Julián (Cuento) | Viejo sobrador


EDUARDO PÉRSICO nació en Banfield, Argentina, y vive en Lanús. Publicó:
1978. Crónicas del Abandonado. Cuentos. Editor Mensaje. (Faja de Honor de la SADE)
1982. Gardel Supo Retirarse a Tiempo. Novela. Ediciones Corregidor.
1983. Resistencia Lunfarda. Poemas. Edit. Rueda.
1986. El Olvido está en Libertad. Novela. Editorial Futuro.
1989. De nuevo lejos de Uppsala. Novela. Bell Ediciones.
1991. Un Mundo casi Feliz. Cuentos y Poemas. Ediciones. Trilce.
1993. Nadie Muere de Amor en Disneylandia. Novela. Beas Ediciones. (Premio Fondo Nacional de las Artes)
1995. Cuentos con Mujeres. Beas Ediciones.
1998. Madame Bovary era una Buena Chica. Novela. Beas Ediciones
2001. El Infierno de Rosell. Novela. Ediciones del Leopardo.
2004. Lunfardo en el tango y la poética popular. Ensayo y Glosario. Proyecto Editorial, Ciudad Universitaria de la UBA.
Participaciones en: Fútbol a Puro Cuento, Ediciones Faro Verde; Escritores argentinos según ellos mismos, compilado para la Universidad INCCA de Colombia, por Joseph Vélez, de Baylor University, USA; Cien sonetos Lunfardescos, Academia Porteña del Lunfardo; Los que conocieron a Borges nos cuentan, Editorial Tres Haches.


El compadrito Borges

Descargar obras de Eduardo Persico

Hosted by eSnips



Entrevista con Eduardo Pérsico, del libro "Los que conocieron a Borges nos cuentan" Editorial Tres Haches, febrero del 2000.

- ¿En qué posición ubica usted, Eduardo Pérsico, la vida y la obra de Borges en la literatura nacional?

- Como una costumbre típicamente argentina, nosotros durante mucho tiempo ignoramos a Borges. Nos tuvieron que insistir con él desde Europa para que aquí lo empezaran a reconocer. Se le atribuye a Roger Caillois ser el descubridor de Borges, y algo parecido nos sucedió con Carlos Gardel, considerado por mucho tiempo como un simple cantor popular pero al fin resultó una personalidad cultural de los argentinos. Si debiera nombrar a dos valores fundamentales, - con nuestras contradicciones propias- diría que Jorge Luis Borges y Carlos Gardel son exponentes de nuestra comarca. No inventados en el exterior pero sí descubiertos desde allí, igual que sucediera con otros meritorios, Julio Cortázar y Astor Piazzolla. Es como si necesitáramos la aprobación externa para darle valor a lo propio porque asimilamos mejor cualquier imagen de afuera; pero al margen de toda genuflexión cultural, Gardel y Borges valen por ellos mismos sin ninguna polémica provinciana .

- ¿Qué condición literaria le atrajo más de Borges?

- Bien, lo más interesante que yo encontré en Borges desde el punto de vista literario, es que él escribía como si estuviese escribiendo. Siento que lo haría como un juego de ida y vuelta usando permanentemente la complicidad del lector. Ninguna complicidad fácil sino una complicidad lúdica, vinculada al juego que inventara al punto de hacerse bromas a él mismo y a los demás. De Leopoldo Lugones, un referente literario obligado entre nosotros, él lo definió como " un hombre que se tomaba demasiado en serio".

- ¿A qué atribuye usted las fantasías borgeanas?

- Yo creo que la veta fantástica de Borges no le vino desde la literatura sino del propio país; Borges era un argentino indudable, y la inflexión y el modo con que decía las cosas, entiendo, lo hacen el escritor nacional por excelencia. Al leerlo en voz alta lo imagino, siempre, como a esos hombres que acercados al fogón en una cocina del campo, decían "y vea don, yo le voy a contar, esto sucedió cuando fuera la crecida grande del noventa."... Borges empezaba a relatar así y en un país como la Argentina, poblado por lo europeo, que no tiene jungla y muestra una geografía transparente; un país que casi no ha tenido literatura rural porque esa ha quedado reducida a tres o cuatro obras, lo "nacional" estaría más en la manera de contarnos que por lo temático. Y ahora se me ocurre que por eso mismo, la literatura rural argentina no tiene lo misterioso ni lo enigmático que podría tener un país selvático.

- ¿ Tenía algún método para escribir?

Sin duda que Borges fue un cultísimo escritor y ofrece detalles que literariamnte tienen su valor: Borges no tomaba distancia con el texto como buscamos los narradores para no estar involucrados. Borges no esquivaba la primera persona e incluso con ella daba su opinión, y esto se aprecia bien en " Hombre de la Esquina Rosada". Además., sus condiciones en el trato personal, - ojo, no más de cuatro o cinco charlas entre él y yo- me hicieron imaginar en él más que a un escritor a un "compadrito inconcluso". Lo pensé encarnado en un payador y me atrajo tanto eso que escribí un cuento con esa idea: "Borges, el Inglesito, payador que supo contrapuntear por milonga en un boliche de Turdera". ( "Laberinto de Gardel y el Inglesito").

- ¿ Cómo era personalmente?

- Bueno, si uno entraba en su confianza Borges era un porteño sobrador y canchero, y así lo vi desde que lo conocí por 1970. Una de sus condiciones más salientes era no evitar, si se lo animaba, a contar algún detalle ingenioso aunque no era un hombre que usara mucho la ingeniosidad; esa malversación del ingenio; sino que dosificaba su ingenio sin caer en la ramplonería sin gracia. Bromeaba de sí mismo y también de otros escritores: de Federico García Lorca sentenció que era un " andaluz profesional", y eso dicho entre los redactores del diario "Crítica" de Buenos Aires por 1940, era una "cargada" de cualquier porteño. Borges era un escritor que corregía incansablemente, una condición a veces no muy estimada, y no sé si jodía con Alfonso Reyes, el mexicano, a quien solía recomendar: "si uno quiere escribir bien en castellano debe leer a Alfonso Reyes". Además era un incansable corrector – "hay que publicar para no seguir corrigiendo"- que mostró al suprimir la palabra "trinchante" en dos ocasiones muy precisas. Decía que los mexicanos a ese sitio donde se guardan las copas y la vajilla costosa lo llaman "trinchero"; y esa palabra lo disgustaba. En "El Muerto" dice "hay un remoto trinchante con un espejo de luna empañada" y en "El Aleph" repite "Beatriz Viterbo, frente al trinchante". Bueno, esto lo sacó y repuso varias veces, dijo, hasta que decidió " Beatriz Viterbo de perfil en colores". Otro buen ejemplo sería que "Hombre de la Esquina Rosada" conoció dos versiones anteriores; una cierta crónica policial que se publicara en el suplemento de "Crítica" como " Hombres Pelearon", y más tarde otra anterior al cuento definitivo.

- Hay muchos que quieren ver en Borges a un escritor puramente ingenioso, pletórico de argumentos perfectos.

- Es que Borges se divertía escribiendo, y la frescura de su literatura pasa por ahí, y yo estimé a Borges un "porteño sobrador y canchero" al leer lo que escribiera junto a Adolfo Bioy Casares con el seudónimo H. Bustos Domecq, "Seis problemas para Don Isidro Parodi". En ese libro estupendo, escrito "en complicidad" durante 1942, insinuan una broma de tipo futbolero, seguramente urdida por Bioy, y al comentarle esto Borges fingió una sorpresa prefabricada y se sonrió. En el libro hacen decir a Honorio Bustos Domecq "durante la interveción de Labruna, fue nombrado primero Inspector de Ensañanza y después Defensor de Pobres". Esto estaba escrito en el año ’42 cuando el equipo de fútbol River Plate salió campeón y ellos escribían no sé si en Pardo o en al campo de Vicente Casares, escuchando la radio. Borges jamás fue futbolero pero lo mismo le pregunté si el nombre Labruna lo recogieron de algún locutor diciendo "brillante intervención de Labruna" y Borges sonrió por incluír al goleador del campeonato, como un nombre más... A él le daban de costado esas cuestiones que íntimamente negaba aunque entonces mantuvo su sonrisa sobradora "esa fue una ocurrencia de Adolfito". En otro de los cuentos de "Seis Problemas.." alguien habla de las figuras del zodíaco y Don Isidro Parodi le propone que se las nombre al revés . Y en vez de pronunciar "Toro" decía "roto", por " carnero" decía "ronecar". Entonces le dije a Borges que eso no era dar vuelta las palabras y él me insinuó "no, es que él las pronunciaba al vesre". Y allí yo empecé a tomarme más confianza con Borges.

- ¿Cómo lo conoció?

- Lo conocí en 1971 o 1972; yo era responsable de una empresa metalúrgica pero me hacía tiempo para colaborar con una revista literaria que se editaba en Lanús, "Ateneo", de la que aparecieron casi setenta números y los historiadores y antólogos nunca se enteraron. Así y por mis asuntos yo iba muy seguido a la hemeroteca de la Biblioteca Nacional, en la calle México y un día quise entrevistar a Borges, que era el director. Era el fervor del retorno peronista de los setenta y en realidad, quien dirigía la biblioteca era José Edmundo Clemente, que salió antes que él. Había tres delegados gremiales muy jóvenes; se me ocurre que uno se apellidaba Pariente; que enarbolaban las banderas de la "transforamción profunda que debía hacerse en el país" y otras apoyaturas como la "liberación Nacional" por ejemplo. Había también dos empleados con quienes yo hablaba siempre, uno era Zolezzi y otro señor, Amón, y ellos fueron quienes me contaban lo que sucedía. Al no estar Clemente los delegados pidieron una entrevista y esa vez los atendió Borges; los muchachos le hicieron una serie de planteos del tipo "hagamos ya mismo la revolución" y cualquiera pensaría que Borges se escandalizó pero terminada la reunión le dijo a Zolezzi "hay que atenderlos a estos muchachos. Yo estoy de acuerdo con ellos en muchas cosas". Y el más asombtrado fue el delegado joven porque él como tantos, daba por cierto que Borges era un reaccionario sistemático. Es cierto que Jorge Luis Borges cada tanto se mandaba alguna opinión grotescamente retrógrada pero en toda su obra no sugiere nada contra el orillero, el gaucho, el negro o los laburantes comunes. Y los escritores se califican por lo que hayan escrito... El despacho de Borges de la calle México estaba en el primer piso y generalmente él subía por el ascensor. Enfrente había una dependencia de la prefectura marítima, creo, y al lado una casa de inquilinato, un "convoy" típico de esa zona, Montserrat, San Telmo. Y una vez, en verano, Borges mantenía su ventana abierta y abajo alguien, en el zaguán del inquilinato, buscaba trabajosamente tocar una milonga en su guitarra. Entonces Zolezzi le preguntó "¿quiere que cierre la ventana?" y el viejo Borges le dijo "no, que es linda la milonga. Ojalá que el hombre no la aprenda nunca así la sigue tocando". Igual, Borges tenía una idea de la milonga taconera, digamos retrechera, muy propia a su edad, y no esa versión nostalgiosa y tristona que asumió la milonga más tarde. Acaso porque respecto al tango él tenía la lógica de los argentinos de Buenos Aires, ver gloriosamente su pasado, y se habla de épocas de oro como negando las trasnformaciones instrumentales y de gustos que fueron ocurriendo. Aunque sabía bien qué era el tango mantuvo cierta disputa con Piazzolla y una vez, en un reunión en la que estábamos, había un señor a punto de amenizar con una guitarra cuando Borges se había cansado de opinar sobre todo, hasta del Papa diciendo que era "un funcionario de la iglesia" y una señora se enojó mucho. Entonces el de la guitarra empezó a entonar "Jacinto Chiclana" y le preguntó a Borges si recordaba al autor de la música de esa milonga con sus versos, y el viejo le respondió "no sé, no me acuerdo, me parece que fue Guastavino". Para evitar nombrar a Piazzolla, que era el autor de la música. Tenía una visión bucólica y congelada del tango de los años veinte.

- Hay dos etapas en Borges, una criollista y otra más ligada al cosmopolitismo?

- De verdad, aunque se burlara de ciertas exageraciones del criollismo, Borges jamás dejó de ser un criollista. Una vez, sabiiendo qué me contestaría, le pregunté si Macedonio Fernández tocaba la guitarra y él me respondió lo esperado: "yo creo que le gustaba afinarla y sacarse alguna fotos con ella, pero realmente nunca lo escuché tocarla". Y a propósito de Ricardo Güiraldes dijo "sí, Güiraldes tocaba la guitarra, pero ¿sabe por qué? Porque creía que de ese modo defendía el criollismo". Borges rechazaba la zamba bailada por "chinas" vestidas de celeste y blanco y esa parafernalia de la exaltación nacionalista, como hacía con la religión. "Mi madre es católica como todas las señoras argentinas, ¿no?", y contaba que en una ocasión su padre le preguntó si quería tomar la comunión "aunque se tratara de una ceremonia absurda" y él no quiso. "Mi hermana decidió tomar la comunión y es católica, yo decidí no tomarla y soy librepensador, todavía; aunque eso de ser librepensador también parece algo anticuado". Para disfrutar una charla con Borges el interlocutor debía domesticarse a los giros y contestaciones que solía repetir. Se divertía en hacerlo y por ejemplo, de los marxistas pronunció tantos agravios como del peronismo, que lo acusaron de todo, y con el favor del tiempo a Borges hay que juzgarlo como a Carlos Gardel, el otro gran referente, criticando sus obras que son inigualables. Por supuesto, Borges mereció muchas veces ser juzgado por el "Borges oral", que era sin duda un provocador, aunque de cualquier manera yo lo siento y lo imagino como un porteño sobrador y canchero, acodado en el mostrador de un boliche de barrio, - de esos que conocí- con un pucho en la comisura de los labios que si alguien se lo quitara, descubriría debajo una sonrisa burlona. Una sonrisa cómplice de "no me haga caso, estoy hablando en joda". La intelectualidad elegante de "La Nación" ni el izquierdismo esquemático supieron ver ese perfil de guitarrero de patio, - esos cantores que conociera mi padre- que vestían un corbatín y un saco oscuro. Mi retrato de Borges está vinculado con esa imagen y no otra.

- ¿Usted no vincula esa fascinación con algo snob?

- Vea, él mismo decía que el compadrito era una invención literaria, y de esa atracción verdadera surgía su provocación permanente. Le repito, a Borges le hubiera encantado ser un payador de boliche y haber tenido las andanzas aquellas de los verdaderos compadritos; y esto lo confesaba diciendo que se había criado detrás de una cancela colonial. Aunque en el fondo, en una doble vuelta, él mismo se burlaba de todo eso. Una vez fue a pasear con Francisco Luis Bernárdez y Carlos Mastronardi por el barrio sur, la Boca, Barracas, buscando hallar algún bodegón abierto donde descubrieran esos hombres de coraje, compadritos o cuchilleros; y resultó que esa noche no encontraron nada abierto y al preguntarle "¿y usted que recuperó, Borges?", se sonríó a medias "y, nada. Que hacía un frío tremendo y éramos tres ilusos perdiendo el tiempo". Digamos que si en un lugar está el Jorge Luis Borges que se ríe de los mitos argentinos es en "Seis problemas para don Isidro Parodi", escrito en sociedad con Adolfo Bioy Casares. Y si Borges no hubiera pintado esos personajes, hubieran quedado en el olvido.

- ¿Lo trató mucho antes de morir?

- Bueno, en la biblioteca de la calle México hablamos un par de veces en el breve tiempo que ya le dije, por el setenta, pero luego lo volví a ver y tratar a mediados de 1983. Debía ir a casa de una escritora amiga, María Luisa Biolcati, y como yo lo acompañaría en la charla lo fui a buscar a la calle Maipú donde vivía. Ahí lo atendía una señora Fanny y fue el mismo día que había operado a Beppo, su gato, que le regalara una familia "pero se llamaba Pepo. Imagínese, un nombre horrible. Entonces yo lo bauticé Beppo, como un personajes de Byron y el gato no se enteró y siguió viviendo"; era la explicación que solía repetir. Recuerdo verlo salir buscando anudarse la corbata de una habitación en penumbras y la señora Fanny lo ayudó. Debíamos ir a la calle Charcas, a una reunión donde yo le haría las preguntas y le reiteré mi apellido. "Si claro, un apellido italiano, pero también puede tener algún origen sefaradí. Persico puede provenir de Persia". Le dije que además era un fruto similar al damasco y él quería explicarme el suyo: "sí, pero seguramente viene de Italia. En cambio el mío tiene ascendencia portuguesa. Borges quiere decir burgués". Pocos saben la cantidad de progres que se indignaron por esa frase y ahí pensé "con este viejo me debo cuidar porque me está cargando", Después me preguntó sobre una palabra, "arcane", que hallaría en el Shorter, un diccionario, y cuando la encontré dije "Arcane: mystic, secret", con una pronunciación propia de Remedios de Escalada. Ahí el viejo agregó algo de lo místico y lo secreto y "yo creo que tiene que ver con el tiempo, ¿no le parece?". Era lo que se dice un tipo con estilo, de esos que jerarquizan a su interlocutor al preguntarle y si uno es un gil engreído, perdía. Era un anciano condescendiente y a los dos o tres días lo visité por la tarde, le leí unos sonetos lunfardos que nombraban a Lenín, Pirandello y algún otro, que a él le parecieron "de un reo que escribe para intelectuales". Una crítica que luego me avivé era una feroz crítica borgeana.

- Usted menciona algo de la relación de Borges con la prensa.

- Sí, él tuvo diferencias con algunos periodistas que igual a mucha gente, creían que Borges sólo sabía de libros y recordé el brulote de un periodista que quiso saber si conocía al director técnico de la selección de fútbol. El tipo insistió cuando Borges le dijo que no lo conocía hasta que el fin el viejo se disculpó "usted perdone mi ignorancia". Otro se hubiera suicidado ahí mismo pero aquel periodista como el gato Beppo, no se enteró y siguió viviendo; y al preguntarle si de verdad no conocía el nombre del técnico me dijo "por supuesto que escuché ese nombre, escucho la radio todas las mañanas". Porque Borges en el fondo era una "persona normal"... Cuando le pregunté si Victoria Ocampo era una mujer hermosa hermosa, contestó "yo no sé, la conocí cuando tenía veinticinco años". Y eso sí, recuerdo bien hablar con él sobre mujeres, de "minas", que el cholulismo supone que no sería capaz, y por ahí arriesgó que la mujer madura era más hermosa "porque la belleza de los veinte es casi mecánica, en cambio a una mujer de cuarenta detrás de los ojos se le intuye la mirada". La frase fue más o menos así y le dije si lo había ensayado la noche anterior y se sonrió "no, no, hace tiempo que la repito". Por eso le digo que era un porteño sobrador y canchero que buscaba la apoyatura en su interlocutor, que nunca pontificaba tal vez porque como cualquier porteño que se precie, tenía temor al ridículo.

- ¿Era tan radical y polémista con sus ideas políticas?

- Era como le dije, un provocador a veces un tanto gratuitto, porque sí. Del "Mío Cid" dijo que era un cosa ilegible; del "Quijote" podía hacer alguna broma liviana sobre algunos capítulos del libro pero que sin el "Quijote" no podríamos entender la historia de España. De Calderón de la Barca sostenía que era un invento de los alemanes, de Guy de Maupassant una vez sentenció que no era ningún cuentista genial y que antes de morir había mejorado porque "murió loco pero toda la vida había sido estúpido". De estas conjeturas Borges llenó muchísimos tomos, como al decir que los españoles hablaban muy mal el español pero que lo respetaban "porque lo consideran un idioma extranjero". Lo mismo, considero a Borges el número uno de la cultura de los argentinos de este siglo, y que todavía no entendimos su perfiles nacionales ni su radicalidad. Creo que solamente podríamos comparar la grandiosidad de Jorge Luis Borges con Domingo Faustino Sarmiento, otro titán fundador de nuestra literatura. Y vea usted, en un país tan contradictorio como es el nuestro, los personajes más representativos de nuestra cultura no podrían dejar de ser contradictorios. Sarmiento, Borges, Facundo, Perón, por decir al voleo tres o cuatro; una vez Borges habló a favor de Pinochet pero cuando se enteró bien de lo que era en Argentina el régimen militar de Videla, Massera y aquella banda delincuencial, les hizo mucho daño con sus críticas. Principalmente las que se publicaron en Europa. En pleno Proceso de estos asesinos, de los militares argentinos dijo a "Le Monde" y toda la prensa francesa "cuando yo era chico quise ser militar, pero con el tiempo me fui haciendo más cobarde y menos estúpido". Ahí pintó a la Junta Militar, de quienes no quiso ser utilizado, y quede claro que él lo hizo sin atribuírse - como Ernesto Sábato- ser el referente moral y ético de los argentinos. Pero mejor es volver a Borges: entendamos que en cualquier contexto, en Argentina siempre las líneas ideológcias han sido muy tensas, irreconciliables, peronismo y antiperonismo, y esto hoy se tiende a olvidar, Con Borges uno podía hablar de asuntos terrenales y cuando alguien le dijo que el proceso Militar en Argentina pudo ser una más de las sangrientas internas del peronismo él, Jorge Luis Borges agregó "ese es un pensamiento muy coherente".

- ¿Cuánto debe la fama de Borges a los medios de comunicación?

- Supongo que Borges, como Gardel, en el contexto de la concentración actual de la comunicación, globalización mediante, hubieran pasado desapercibidos. Quizá Gardel no hubiera llegado a ser lo que fue si debiera pelear con los multimedios de hoy que mastican y devoran lo que sea. Igual, Borges nunca fue un escritor popular; ha sido un provocador, hay un buen Borges oral, pero nunca fue un escritor popular de los que se nombran en la calle. Bueno, ahora me preguntaría quiénes son esos... Pero hay cosas estupendas en la obra de Borges: su "Poema Conjetural" con relación a Francisco Narciso de Laprida asesinado el 22 de setiembre de 1829 por los montoneros de Aldao, es una pieza histórica monumental. Ahí, en ese poema, describe su latinoamericanismo y aunque nosotros lo podamos acusar de cualquir cosa, Borges era de aquí.

- ¿Qué parte prefiere de la obra de Borges?

- Sus cuentos. "El Muerto" es sensacional no sólo por su remate. "Hombre de la Esquina Rosada", una pintura precisa de una época del arrabal de Buenos Aires, perfecta calidad borgeana en cada fragmento. Cuando en el personaje Francisco Real da un pechazo y atropella a los gritos la puerta del prostíbulo, Borges, el relator, que está de espaldas a la puerta, al verlo exclama "el hombre era parecido a la voz". Siete palabras no más y deja un concepto definitivo del tipo, esa era la calidad de Borges cuentista armando frases perfectas y definitivas que mostraban su capacidad incansable para corregir. La suya era una generación que escribía muy bien y muchos consideraron que Bioy Casares era superior, pero ambos se influenciaban. Bioy era un mundano y un "sportman", en tanto Borges era de biblioteca, escuché alguna vez; se influenciaban.

- ¿Qué se olvida generalmente de la obra de Borges?

- Ahora, se me ocurre su cuento "Juan Muraña". Sería bueno que la gente lo releyera para entender el enfoque casi ensayístico sobre el compadrito. También se olvidaron los ambientados en el Uruguay; en "El Muerto" ubica la acción en un pueblo llamado San José, creo, que es una pintura. Borges era un conocedor de las costumbres aunque fuera incapaz de escribir alguna mala palabra, por ahí. En una reunión le dije "vea, yo me voy porque esto me hincha las bolas" y el afirmó "tiene razón, a mí también", y nos fuimos. En otra oportunidad, en televisión, le preguntaron si había conocido algún guapo verdadero y dijo "sí, en Montevideo"; resultó que un hombre había faltado el respeto a la casa y el dueño, que era un hombre de acción pero muy respetuoso, fue al cuarto contiguo y volvió con dos cuchillos. Le ofreció a quien ofendiera su casa "usted elige". "¿Y qué hizo el otro?", le preguntó el conductor del programa. "Y, ¿qué iba a hacer? Se achicó". Borges dijo lo mismo que mi viejo, siempre taxista o colectivero. O al definir a su gato Beppo con una inflexión bolichera, "un gato más ventajero que atorrante". Antes que nada, era un hombre que respetaba la autenticidad de la gente y no soportaba a los cholulos; de ahí su rechazo a los periodistas. ¿Usted no es periodista, no?" "No. ¿Qué tiene contra los periodistas?", y repitió algo algo ya escuchado "Es gente muy sonora". Con la gente auténtica era divertido de verdad y hasta de reírse al confiarle "¿usted Borges, no será un compadrito frustrado?", diciendo "creo que sí".

Fueron esas charlas a mediados de 1983 y no daba para más. Ël ya era un anciano desvalido en el exilio de la ceguera, rodeado por personas que a veces lo creían alguien de la televisión; y debíamos respetarnos. Murió en el ’86. En definitiva, conocimos a mucha gente infatuada de importante; deportistas, faranduleros, políticos y tilingos varios, pero si frecuentamos su obra literaria, - la identificación real de un escritor- Jorge Luis Borges fue importante de verdad. Y esa es la diferencia.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::


(Del libro "Los que concieron a Borges nos cuentan". Editorial Tres Haches, febrero del 2000)
____________________________________________________________________________

Laberinto de Gardel y el Inglesito             Cuento

Y fue por ahí cuando el Inglesito, que descollara por milonga en el despacho de bebidas de doña Rosa, allá por Turdera, empezó a desovillar sobre Gardel y lo acontecido con su extraña muerte. Hoy confieso que no entendía así nomás su manera de unir las palabras y al comprenderlas, ya el hombre andaba respirando en otra frase. Porque al Jorge Luis, el Inglesito, que fuera también imbatible payador del boliche de los Iberra, era un gusto verlo apoyar sus manos sobre el mástil de la guitarra hablando de Carlos Gardel, el Zorzal Criollo. Y como los poetas siempre agregan imaginación hasta cuando saludan, no era fácil descifrar cada renglón del Inglesito aunque recupere su voz trabajosa y la mirada opaca al oírlo hablar de esas utopías que adoran los pueblos.

- La historia verdadera requiere de la ficción que la humanice; no hay estadística que valga sin la neblina de la imaginación y el mito - pronunció Jorge Luis el Inglesito en aquel bodegón oloroso de aceitunas y vino moscato. Neblina de la imaginación y el mito - repitió y mirando al techo reacomodó una mano sobre otra y hamacado en la guitarra aseguró que sin creerse las historias de Sancho y don Quijote la historia de España no tendría pies ni cabeza. Y por ahí siguió ubicando cada palabra en su sitio, igual al personaje que contaba un cuento sin saber si lo recordaba o sólo recibía las voces para decirlo. No era fácil seguirle la idea, y yo porfié no distraerme si pretendía conocer la muerte de Gardel y gustar la sal nutricia de lo verdadero, según amenizó el Inglesito convencido que ningún párrafo de la tragedia gardeliana de junio del '35 tenía parentesco con la verdad.

- La crónica dice que Carlos Gardel, el artista más respetado en América del Sur, murió quemado en un accidente de aviación en Colombia, pero eso apenas guarda cercanía con lo cierto y según el historiador uruguayo Wilson P.Sarnari, también esa fantasía debiera desecharse – tartamudeó casi inaudible.

Era lindo ver al payador que llegara de contrapuntear del Camino de las Tropas, relatar con la simpleza de quien aprecia lo extraordinario y en los resuellos de silencio, irse a divagar por algún túnel de recordación. Me gusta este relato y confieso que aquel imprevisto de Gardel y Jorge Luis Borges, el Inglesito, me aconteció en horas de una realidad secundaria, impenetrable, aunque igual reconocería los rostros de aquellos parroquianos esquivos en mirar de frente al payador que al irse a morir a Suiza, les debiera los rituales del avieso velorio y algún llanto televisivo. De aquella gente nadie perdonaba al pálido Inglesito que apoyaba su mentón en la guitarra, que al haberse muerto tan lejos les sustrajera alguna foto del jadeo final, trofeo a mostrar sonrientes en el despliegue fúnebre. Por eso hoy presiento haber vivido allí un tiempo prestado y sin relojes, de otra instancia, donde me anoticié que el Wilson P.Sarnari, del cual el Inglesito atesoraba una larga conversación en Montevideo, le refirió datos que ningún investigador del "Pasión y Muerte de Carlos Gardel" conocía. A saber: las horas previas del Zorzal Criollo antes de abordar su vuelo final en Medellín, si lo hiciera, y el nombre de la enigmática mujer que se le acercó por un autógrafo y luego desapareciera para siempre sin que jamás fuera reconocida, y otras conjeturas que Wilson P.Sarnari le hiciera esa vez. Porque hubo muchas invenciones que el payador Jorge Luis el Inglesito despreciaría esa noche, aunque sin quitarle todo el prestigio de misterio a lo propuesto por el otro.

- También se dijo que el accidente vino por aquel mozo Lepera, amigo del cantor y continuo abrevador de Amado Nervo, - deslizó el Inglesito su juicio literario- que por un enredo sentimental arremetió a balazos con toda la concurrencia. Se murmuró también que por mantener en alto el buen humor argentino al piloto lo ahorcaron con un lengue blanco al carretear el avión, y más frases de entrecasa porque la verdadera muerte de Gardel proseguirá su enigma. Aunque si el portador de un secreto subestima los recuerdos, igual se confesará; toda verdad clandestina resulta insoportable – pareció cansino el Inglesito al reiterar que esas ideas se las habría confiado en Montevideo el historiador Wilson P.Sarnari, quien luego de escuchar las milongas del Inglesito que con el tiempo serían leyenda, empezó a darle relación de la "Verdadera Muerte de Gardel" y otros asuntos. Como que antes del accidente, el Idolo de la Canción estuvo acompañado solamente por él; Sarnari y Gardel sólo a sólo, hablando del entorno que rodea al hombre desbordado por el adular ajeno, esa difusa y despótica imposición del absurdo. Además nos relató el Inglesito que él supo aguantarse a pie firme los parlamentos del historiador uruguayo al memorar la tristeza de un Gardel desolado, marioneta de magia fugaz y perdido su gardeleo en turbios callejones.

- Carlos Gardel, artista virtuoso devenido en partiquino lugareño y malversado por nietos con sonrisa de rocanrol y extraños a la palabra tango. Porque Gardel supo retirarse a tiempo, no era ningún botarate y tenía tan anticipada su memoria que alcanzó a confiarle a Wilson P.Sarnari su temor por los tiempos venideros y dónde resonarían los ecos de su voz luego que él debiera quemarse en Medellín. "Vea Sarnari, algún día harán de mí un muñeco publicitario. ¡Qué vergüenza!" – le habría dicho el morocho del Abasto, además de anticiparle a Sarnari el mal uso que de su inflexión arrabalera harían los atorrantes que nunca faltan, de los titulares de prensa amarilla que informarían de sus apariciones en Quito y Bogotá, con el rostro deforme por el incendio; o ircerdio; pero aclamado ni bien entonara la primera estrofa. Y habría otras imaginerías: el tiempo que esperó Gardel en el aeródromo antes de reanudar su viaje, sus verdaderas hembras y la incierta tendencia de su entrepierna, el exacto lugar donde naciera y otras tantas errátiles hazañas, con suicidios de millonaria y algún hijo que casualmente cantaría como él pero un poco diferente.

- Mucha tontería fue glosada por los nocheros como si hablaran de virtudes propias – me dijo el historiador Sarnari y luego predijo el impiadoso final que a Gardel le fijarían los congeladores del arte. Gardel es paradigmático, nadie cantará como él, repetirán los mediocres; y ahí lamentó por decir paradigmático, esa palabra que yo desecharía por olvidable, como el dictamen de Enrico Caruso, "Gardel tenía una lágrima en la voz", que a madre le sería una ambigua alabanza de italiano.

Jorge Luis el Inglesito aflojó las comisuras sin alcanzar la sonrisa y la siguió con cuanto le contara el historiador uruguayo Wilson P.Sarnari, de un Carlos Gardel solitario que luego de ser confundido con otro pasajero de un avión que jamás abordara, seguiría con su lustroso smoking, el chambergo inclinado y aquel moñito a pintas, y hasta luciendo su perdonable atuendo de gaucho palaciego. Siempre Gardel, cantando y sonriendo como nadie, aunque ya empezaban a disponer de él las multitudes vigorosas y los negociantes de un "Gardel, producto terminado". Él nada menos, El Gran Modernizador devenido en cómico accesorio de un tablado en la costanera, o chaplinesco de tercera recluido en un loquero y corrido a cascotazos por cualquier barra futbolera.

- Una noche lejos de mi patria le escuché a Gardel cantar un tango deleznable, que jamás apreciaría – dijo el Inglesito de su cosecha- y sin embargo, al oirlo reviví cierta calle de Palermo con una madreselva trepando una tapia, y de pronto lloré. Por esa memoria dictada por la voz compadre de Gardel y acaso, porque lo popular es un secreto en los pueblos, ¿no le parece? - preguntó el Inglesito y siguió hurgando otras palabras que oyera de Wilson P.Sarnari en esa noche lejana: Carlos Gardel internado en un depósito de viejos llamado geriátrico, ensayando ante el espejo aquel peinado brilloso y su sonrisa luminosa pero ignorado por otros ancianos derruidos que también se mean encima. Según Sarnari, el Zorzal Criollo tal vez sea otro cuerpo sin retorno tirado en algún hogar de ancianos, tumba previa donde entona "tal vez una noche me encane la muerte, y chau Buenos Aires no te vuelvo a ver", hasta que un enfermero lo acalla de un sopapo.

- Además, luego de esa afirmación tan contundente, - sugirió otra sonrisa Borges el payador – el uruguayo Sarnari deslizó un nuevo enigma. "Pobre Carlitos, confundirlo con un bufón de discoteca"...

Y al concluir Jorge Luis el Inglesito, antes o después de morirse en Ginebra hamacándose en el asta de su guitarra o en su bastón, vaya uno a saber, un reciénvenido al despacho de bebidas nos truncó el relato.

- No crean más zonceras, señores - impuso con voz chillona el comedido- lo cierto fue que el 24 de junio de 1935 al insuperable chansonnier Carlitos Gardel no consiguieron subirlo al aeroplano. ¿A él sentarlo en un cacharro que ni levantaría vuelo? Vamos, que no era ningún gil el Morocho.

- Pero qué triste sería un Gardel sin poesía, sin esa eternidad - culminó trémulo el payador que se luciera por milonga en un bodegón de Turdera, en el día que a usted mejor le convenga.
_________________________________________________________________________________

Un tal Borges, el amigo de Julián   Cuento

Ni bien en la reunión entraron a opinar sobre la poesía significante y demás brujerías, sin aflojar su bastón el anciano Borges pidió tomar un poco de aire.

- Un día la gente caminará hacia el sur - dijo mirando el cielo.

- Y se orientarán siguiendo a Las Tres Marías, según antiguos navegantes – lo secundó Julián al tomarlo del brazo.

- O cumpliendo alguna voluntad de Dios; otra incierta constelación – insinuó el viejo una sonrisa y prosiguió.

- Camine despacio señor, sin llevarme a remolque. Apenas quiero estirar las piernas y dejar un rato la ingeniosidad de hablar sobre la muerte, el Papa y la fatalidad del tiempo. Eso ya me hincha, le aseguro.

- Le creo – le contestó Julián y esquivó a un perro acostado en la vereda-. ¿Le gustan los animales, Borges?

- No me desagradan. Una vez me regalaron un gato llamado Peppo, un nombre horrible; yo lo bauticé Beppo, como a un personaje de Byron, pero el gato ni se enteró y siguió viviendo. Murió hace poco, lo extraño.

Julián sabía jugar de acompañante y aceptó escuchar la semejanza de Beppo con los tigres, esa otra recurrida alegoría del "más grande escritor argentino", en tanto suponía que de haber nacido perro Borges sería un abacanado cocker spaniel, propiedad de alguna veterana que lo cepillara sin dejarlo trompetear tachos de basura en la madrugada. Seguramente Borges sería un afectado perro de living, un soñador sin necesidades – y sonrió Julián por su idea tan ramplona.

- Fuera de los caballos que me atraían y jamás traté de cerca, mi mundo casi no tuvo animales – insistió el viejo. Beppo fue un gato más ventajero que atorrante, se dejaba acariciar sin inquietarse, siempre dormido sobre el sillón. Cierta vez me fotografiaron con un perro que no era mío, y no sé, siempre preferí el enigma que suponen los gatos.

- Sí, hubo fotos en su casa que sugerían eso. Las recuerdo.

- Yo también, señor. Pero fue otra equivocación porque en verdad, yo lamento no haber sido un cuchillero de fama, y a veces también no recordar la sensación de arrancar una anguila del barrial mierdoso que fuera el Maldonado, entre el griterío de los otros chicos. Hoy me gustaría mucho tener ese recuerdo, pero deseché eso al demorarme con la palabra escrita. A veces a desgano, le aseguro.

- Nadie imagina a usted en menesteres de potrero, Borges, y menos hundido en el barro del Maldonado para sacar una anguila.

- Es que siempre me rodearon seres equivocados; periodistas sonoros, aburridos intelectuales que ni sospechan quien soy. Yo no concibo el mundo sin esta ciudad que jamás pude abandonar del todo. Algunas veces pregunté qué divierte hoy a la gente de aquí y me respondieron cosas ajenas, tonterías. Nadie se anima a conversar conmigo como se acostumbra con cualquier porteño sobrador y canchero, que tanto pretendí ser. Por eso espero que un día la gente caminará hacia el sur.

Sin llevarlo a remolque, Julián sostenía el caminar del viejo "socio de nadie", criado tras una cancela colonial, ciego, piel transparente, inflexión inglesa al silabear "Borges quiere decir burgués", y por siempre, patrón de milongas y cuchilleros imaginarios.

- Una noche de invierno vine con unos amigos a este barrio de Barracas, a ver si relojeábamos algún guapo de esos que inventara la literatura. ¿Usted no cree que al fin todo es una invención literaria? Vea, en esa ocasión hacía un frío tremendo y anduvimos con Mastronardi y otro más, Bernárdez, bordeando el Riachuelo sin encontrar abierto ni un solo bodegón de esos que mencionan los tangos. Rituales almacenes concurridos por gente de reírse fuerte y no tomarse muy en serio; esa manera de ser inteligente.

Julián conocía esa anécdota y aprovechó a darle su versión.

- Si no lo aburro, quiero recordarle de un almacén de bebidas y dos payadores de contrapunto. Los dos cantores se provocaban con la mirada. Uno era El Inglesito" pero tenía su rostro, Borges. El hombre lucía una seda oscura al cuello y zapatillas de carrero a rayas celestes, mostrando sus guarangos empeines y hamacándose en el mástil de la guitarra; o del bastón, vaya usted a saber. Y anduvo desafiando "vine al sur porque estoy buscando un hombre de coraje y dicen que por acá sabe haber". El otro cantor, de flor montada en la oreja, afinaba desprolijo las seis cuerdas y apenas le dijo "no busqués roña, Inglesito prepotente, que te vas a arrepentir".

- Eso me gusta, señor. Lo escuché alguna vez y suena lindo, vea usted – dijo Borges y se afirmó mejor al brazo de Julián.

- Entonces prosigo. El gallego que atendía el boliche desancló una faca de algún rincón y dando un cojonudo planazo en la mugrienta tabla de cortar fiambre, puso fin al contrapunto.

- Sí, de madrugada por aquí pasan al puerto unos estibadores muy guapos, hombres de aguante al infortunio; y ustedes dos no anden buscando pleito que los matones no son de aquí – los prepoteó el bolichero

- Esa historia la escuché otras veces y no me disgusta. Quizá porque ahí yo, Borges, soy ese payador que disfrutaba provocando en los bodegones, el emborracharse con ginebra y hablar de hembras como cualquier mortal. Y mejor hubiera disfrutado en cuerpo propio esas imaginaciones. ¿ A usted no le parece?

-¿Quiere que volvamos, Borges?

- Sí, aunque la entrevista con esa gente seguirá insabora. Usted sabe, no se detendrán hasta preguntar porqué decidí morime en Suiza y privarlos de mi velorio. Pero igual entremos, que este frío me jode mucho.
_________________________________________________________________________________


Viejo sobrador   


"El que dice burgués pronuncia Borges",
tartamudeó el chicato, despacioso,
junando al cielo con cara de pirado,
canchero en su papel de hacerse el oso.

Los giles daban todo por ficharlo:
Poderlo franelear, enchabonados
a escracharse con él. El cholulaje
la juega de arrastrón en cualquier lado...

Pero el Yoryi fue un seso de primera.
Un pensante entrenao de ponga y meta.
Un marote a bastón yirando el mundo.

Que a veces se zarpó, como cualquiera,
y nos dio embole con su manganeta
de tipo sobrador, turro y profundo.
________________________________________________________________________

De la TV y textual


-¿Y cómo se llamaba aquel viejo de bastón que invitamos al programa y era ciego pero igual hablaba y escribía? ¿José Luis qué, era el tipo?
______________________________________________________________________________



VOLVER A CUADERNOS DE LITERATURA

Solo10.com: Dominios - Registro de Dominios - Alojamiento Web - Hospedaje Web - Web Hosting

viernes, 18 de febrero de 2011

Una sombría estación. Cuento.

                      

-         Ella, Mariel, es un personaje inevitable que jamás deja de construirme la memoria – dijo el hombre y complacido repitió el renglón. Apreciaba sus palabras y su mujer, que a ratos desconocía, lo escuchaba hablar de esos seres que rodean a quien escribe,  personajes despóticos con el ensueño y duendes de respirar junto al autor. Algo que los ajenos ven como locura del escriba, sin duda – redondeó el hombre y ella lo reacomodó de frente a la ventana.
.
- … al conocernos con Mariel los años no fugaban y pronto vivimos juntos, - prosiguió y la mujer no contuvo una sonrisa-. Entonces ella aún vivía con una tal Pilar, una cantante española que volvía a su país, y al juntarnos no guardaba olvidos ni recuerdos desprolijos como estos que yo digo. Entre nosotros cada inquietud era envuelta en felicidad; las tardes de aguardar juntos el anochecer, el fugaz  desvelo de los faroles o una lluvia melancólica tras el vidrio del bar, nos adhería tanto como el beso más profundo – reiteró lo dicho y su mujer entrecerró los ojos-. Cualquier encuentro resumía  nuestra dicha, rozarnos las manos era anhelar que la estación se despoblara para besarnos en libertad. Todo nos unía  y  sabíamos andar frente a la lluvia que barnizaba la calle yendo a devorarnos en mi cuarto. Y en el deseo de aparearnos nos divertía su actuación para afirmar que el amor sólo vale con alegría, y fingir la voz  recitando ‘coger riendo es revolucionario, chico’ al salir de la ducha quitando el toallón a su desnudez.

       La mujer ahí sonrió con ganas y murmuró su nombre al acariciarle la nuca.   Y él prosiguió.  . 

- … jamás habrá otra mujer y sin borronear papeles que junto a ella jamás prosperan, sigo buscando los términos entendibles para confesar porqué quise abandonarla para siempre – y perdió su mirada en la ventana. La mujer volvió a ordenarle su flequillo en la frente y esperó la última parte. .  

-         No imagino como decirlo: ella, Mariel, esa mujer con quien tanto tiempo nos amamos íntegros y me enseñó textos que yo desconocía,  y ahí mi recuerdo se adelgaza y desvanece en un turbión de irrealidad libresca. Territorio confuso y estación sombría desde cuando ambos soñábamos la misma situación y paisaje parecido cada noche. Obsesión indescifrable o delirio límite por dormirnos siempre en un abrazo, que al final me obligó a eso tan terrible…

-         Por favor Carlos, te hace mal – dijo ella sabiendo que restaba un renglón y él no la escucharía. .
-         … laberinto de incertidumbre y de olvido; Mariel, personaje, delirio y absoluta  mujer que sin remedio, ya les dije, hoy no deja de construirme la memoria – cerró el hombre ahora arrasado por sus propios duendes, esos viejos renglones que nunca publicara. 

       La mujer volvió a ordenarlo en el sillón. Ella seguía siendo Pilar, su esposa  que nunca conociera  España, con quien él se casara medio siglo atrás y juntos tuvieron dos hijos. Que últimamente los visitaban muy poco. 
  __________________________________________________________________________                   

lunes, 31 de enero de 2011

El tango llegó a la Argentina desde Andalucía. Opinión.

EL TANGO LLEGÓ A  LA  ARGENTINA  DESDE  ANDALUCÍA. 
                 
                (Y cuánto contradiga eso, es probable). 
       
      Una idea difundida  sobre el origen del tango sostiene que nació sin letras por 1880, que deviene rítmicamente de la habanera cubana y que luego, al recibir ‘letrillas procaces y prostibularias’, se iría transformando con giros a veces enriquecedores y otras transitorios y olvidables . Así sintetizado, los primeros tangos de difusión popular fueron expresiones bailables, sin canto, y que entre 1890 y 1900 fue incorporando letras picarescas y lunfardas de las que se guardan aún registros. Tal vez esto no sea muy  incierto pero el concepto pertenece a una línea que por décadas ignoró un aporte ciertamente  esencial; la raíz andaluza mostrada en los primeros tangos; tan evidentes en los de Angel Villoldo, autor fundacional de esa música y cuya obra más destacada se diera a inicios del siglo veinte. Aquel razonamiento inicial, también, creyó inseparable al  tango del  lunfardo, esa jerga o código entre dos para que no se entere un tercero, que al fin resultaran dos expresiones culturales independientes; más bien dos absolutos perfiles argentinos potables y libres de la colonia, que bien entrado ya el siglo veintiuno sostienen cierta identidad de nuestro pueblo.

              El influjo del tanguillo andaluz, la habanera y el aporte sentimental del fado portugués, - poco considerado pero evidente- son ineludibles para interpretar el origen del tango; una expresión incorporada al modo de generaciones de argentinos y que persiste.
    
             Pese a no ser de origen un género cantable, ya por el año 1811 aparece una copla entonada por los combatientes de Cádiz ante la invasión napoleónica: ‘con las bombas que tiran los fanfarrones se hacen las gaditanas tirabuzones’, a propósito de las bombas francesas que no estallaban. Y sin perdura su  línea rítmica, refiere el especialista Roberto Selles que la milonga siempre fue ‘una especie musical surgida del canto, como su antecesora, la guajira flamenca’, en cuanto ‘milonga’ es una voz del Quimbunda, un lenguaje de los negros del sur de Brasil que significa ‘milonga: muchas palabras, palabrerío’. Y  hoy  decir  ‘déjese de tanta milonga’ expresa un rotundo ‘por favor, no hable de más’. Otro dato que enlaza a las primeras guajiras acriolladas entonadas por los porteños eran letrillas andaluzas de mala intención o de carnadura prostibularia, y en 1857 en el Teatro de la Victoria de Buenos Aires se cantò  Tomá mate, che, del español Santiago Ramos, y aludía al hábito criollo de tomar mate diciendo ‘me dijo un moza al verme, este porteño me mata. Tomá mate, che, tomá mate, que en el Río de la Plata no se estila el chocolate’.

        Más adelante, 1868, aparece el primer tango en Argentina, El negro Schicoba, de José María Palanzuelo,  un organista de la Catedral de Buenos Aires con letra de Germán Mc.Key, un actor panameño; en verdad una canción andaluza con aire juguetón que decía ‘un tango cara cun tango, un tango cara cun té, dame un besito mi negra ahora que nadie nos ve’. Luego José Manuel Caballero Bonald, en su obra Danzas Clásicas Españolas de la escuela Antigua,  habla entre otras del ´bartolo’ o ‘bartolillo’, y los versos resaltaban ‘Bartolo tenía una flauta con un agujero sólo y su madre le decía, tocá la flauta Bartolo’. Que en Uruguay se adaptó a la milonga y en Argentina se cantó como tango: ‘Bartolo dejó una mina, yo no la quiero dejar, porque me calza me viste y me da para morfar’. Anteriores ya  existían tangos andaluces que se acriollaran marcados con el ritmo de la habanera cubana, como el “Queco”, sinónimo de quilombo, que cantarían las tropas del general Arredondo por 1875, antes de la batalla del Quebracho: ‘Queco vení pal hueco, Queco, te tengo que hablar’, prolongado en su primera memoria como una expresión de tango compadrito. Por 1881, en Colección de Cantes Flamencos, de Antonio Machado y Alvarez, se menciona El Tango de la Casera, que los porteños convirtieron en Tango del Recoletero aludiendo a quienes participaban de las romerías de la Recoleta o del Pilar; reuniones de familia dl día  que por la noche era concurrido por algunos bailarines de tango. El ya mencionado Angel Villoldo, - el primer autor profesional de tangos con rigor musical- tomó de base al tango andaluz y al cuplé y ‘La Morocha’, su tango más renombrado que compusiera en 1905 sobre música del pianista  Enrique Saborido, es un cuplé concebido para ser cantado por la española Lola Candales quien junto a Saborido actuaban en un cafetín de la calle Reconquista en Buenos Aires. Por 1906 Villoldo compone Cuidado con los Cincuenta, otro tema ingenioso por su construcción y luego grabado por orquestas modernas ya pasado casi un siglo. Ese tema de Angel Villodo, por argumento y el estilo era un indudable tango andaluz: ‘una ordenanza sobre la moral decretó la autoridad policial, y por la que hombre se debe abstener decir palabras dulces a una mujer. Chitón, que al que se propase cincuenta le harán pagar’. Además del reconocido Cuidado con los Cincuenta quedan otros rastros del género chico español en los compadritos de Villoldo: ‘aquí tienen al torito, el criollo más compadrito que pisó la población’, hoy mismo suena divertido y zarzuelero. Y sin ánimo crítico se nos ocurre que  este mismo autor ni tendría noticias de la opinión que Domingo Faustino Sarmiento en su libro Facundo, Civilización y Barbarie, diría por 1845 ‘en Buenos Aires sobre todo, todavía está muy vivo el tipo popular español, el majo… todos los movimientos del compadrito revelan al majo; el movimiento de los hombros, los ademanes, la colocación del sombrero y hasta la manera de escupir entre los colmillos, todo es de un andaluz genuino’. Una muy aguda observación de un Sarmiento no muy concurrido, suponemos, en el ámbito de la tanguería. 

       Durante más de cien años de existencia el tango tuvo notorias transformaciones rítmicas, sus letras influenciaron la literatura de los argentinos. Hoy los escasos nuevos tangos cantables sostienen su  argumentación de lo personal a lo social, y aunque su construcción musical tiende más a ser música de cámara con más elaboración armónica propio para solistas muy aptos, sostiene el ‘sabor’ inherente a su origen.     

         Así como la dificultad de interpretación que quitó su carácter al tango, Jorge Luis Borges por 1930 ya había advertido sobre la calidad literaria de sus letras: ‘de valor desigual porque proceden de plumas heterogéneas, las letras de tango que la inspiración o la industria han elaborado, integran un inextrincable “corpus poeticum”, que los historiadores algún día vindicarán. Es verosímil que hacia 1990 surja la sospecha de que la verdadera poesía de nuestro tiempo no está en  La Urna, de Enrique Banchs ni en Luz de Provincia de Carlos Mastronardi, sino en las piezas imperfectas que se atesoran en El alma que Canta’. Y se refería Borges a una popular publicación semanal  que difundía letras de nuevos y viejos tangos, agregando ‘esta suposición melancólica o una culpable negligencia, me ha vedado el estudio de ese repertorio caótico’. Una irónica reflexión de un indudable argentino como él, sobre nuestra canción identificatoria... Pero no solamente a propósito del tango hubieran merecido un debate mayor entre nosotros; hubo otras serias expresiones culturales que los argentinos nunca encaramos, acaso por esa perpetuidad en mantener vigentes las contradicciones.
_________________________________________________________________________________

domingo, 30 de enero de 2011

Argentina y una oposición que se deshoja. Opinión.

                                      
                                             
...y en su  confusión sólo propone                    
                                               enjuiciar a los demás. .               

Opinión de Eduardo Pérsico.
 _________________________________________________  
      
          Los grupos del privilegio reclaman más  seguridad con tal insistencia que al fin, en la Argentina parecieran aglutinar en eso todo el caudal y proyecto ideològico que pretenden para el país. Un asunto que magnifican los medios adictos que reiteran sin tregua imàgenes de robos, crímenes y accidentes en tanto esos mismos sectores dominantes guardan sin explicitar otras tendencias hacia lo público más inquietantes de verdad. Como las dominaciones más opresivas ocultas en esa desaforada demanda por mantener vidas y propias haciendas, según ese manual de instrucciones usado por los gobiernos militares encargados de retrasar la movilidad del pobrerío dentro de la vida nacional. Una persistencia del poder donde ‘iglesia, fuerzas armadas y campo son la patria’, dicho de un púlpito en estos días, es una expresiòn de vigor no casual si las autoridades contradicen sus intereses y posiciones dominantes. Y casi una advertencia propia a la naturaleza de una clase que añora los golpes antipopulares del ‘30, ‘55 y ’76, y más varios intentos malogrados.
        
        Ya  largada la campaña electoral de renovar autoridades en octubre del 2011,  entre los coqueteos de alianzas aún no concretadas, se perciben divergencias en las fuerzas de oposición a Cristina Kirchner. Sin prejuzgar un desmadejamiento del bloque opositor que el señor Magneto, directivo de multimedio Clarín, ordenara hace unos meses en su propia sede, las desinteligencias detrás de un presidenciable ya son discordias enconadas y públicas bien marcadas en el peronismo disidente de Duhalde, Solá, de Narváez que ya prometió unirse a Maurizio Macri. Estos vaivenes no se ciñen a la vocación de servir a los demás y sí porque los intereses económícos que alientan a los candidatos tallan en este juego  por encima de cada partido. La Sociedad Rural cuyos integrantes ganaran estos años cifras inigualables y ferviente precursora de los gobiernos de facto que le ahorraban hacer presiones en los pasillos parlamentarios, con sus aparceros de la Mesa de Enlace se hicieron operadores políticos directos a entorpecer cualquier tarea del gobierno contra el trabajo esclavo explotado ferozmente en forestaciones y cosechas. Se sabe que las entidades agropecuarias por siempre señeras para ejercer la evasión impositiva, el manejo de los resortes del comercio exterior y fijando valores cambiarios, tasas de interés y dígitos del endeudamiento externo, no permite ningún proyecto de país que los cuestione. Pero lo llamativo resulta que los productores chicos ahora ya riñen a los gritos con la Mesa de Enlace que favorece los intereses más concentrados de la explotación agropecuaria. Algo impensado por esos mismo prductores menores cuando hicieron la guerra gaucha y en bloque exigieron quitar las retenciones a la exportación, en tanto los fabricantes de maquinaria agrícola batían records de venta por la actividad cada día más creciente. Pero claro, esas fueron pequeñeces.

            Así como sucede entre las organizaciones camperas, en la tarea de los candidatos para enfrentar una elección presidencial persiste en todos ellos un discurso indescifrable. Quizá no se recuerde en la escena política argentina tanta limitación para exponer una mínima cartilla de gestión o algo que además de expresarlo pudiera sostenerse. A estos candidateables pensar tal vez les genere cefaleas y derrapan ni bien pretenden expresar algo, un elenco polìtico que además incluye a dos o tres miembros del gobierno que no debaten pero se injurian por enredos y polémicas cotidianas acicateados por aparecer en cualquier medio de comunicación. Estos candidatos se prodigan en repetir frases heroicas, en reiterar una anécdota escrita por su asesor de imagen y ante la primera luz cámara acción que vislumbra el tipo se larga con la intrepidez de alguien que habla pero no se escucha. Ver Maurizio Macri, jefe del gobierno de Buenos Aires; todos ellos y ellas sin distinción de género abordan cualquier tema sin  elaboración intelectual pero en la instancia de proponer medidas sustanciales o debatir dialécticamente algo, estos mediocres de reparto descalifican la gestión del gobierno  creyendo así salvar la ropa y recitando un manoseado libreto contra la corrupción, la inseguridad o quedarse fuera del mundo sin trigo, carne ni pan, tejiendo trebejos de izquierda o derecha y frases multiuso sin ninguna sutileza. Como sucedió con un dirigente del radicalismo, Ernesto Sanz, quien despreció al gentío más bajo de la población afirmando con cara de saber que la asignación por escolaridad dispuesto por el gobierno iba derecho a la droga y el  juego.  Un renglón solitario que lo descalificó como persona y mucho más que eso. Pero bué...
       Po más que enfurezca a quienes desprecian el devenir ordenado de una sociedad, la transformación es inevitable hasta dentro de los fmismos actores de decisión y Poder verdadero. Este mundo que vivimos encierra esta realidad de  imparable y profundo cambio conceptual que ha dispuesto la historia precedente. Los políticos comunes deben aceptar su limitación ante las nuevas instancias, tan ajenas a las de  cincuenta años atrás que hasta Barak Obama comprende aunque no comparta. Y tan definitivamente así las cosas, sin cambiar la distribución de riqueza y el sistema de propiedad de la tierra, la inseguridad en el planeta seguirá creciendo pura y matemáticamente. El hambre sólo se contiene con comida y lo mejor contra la inseguridad es que comamos todos ya que ningún monopolio mediatico o esotérico sermón religioso consruirá un porvenir más seguro. Y cuando es evidente que quienes prosiguen un discurso excluyente no lo hacen porque  aspiran a que desaparezca la miseria y sí en eliminar a los pobres de cualquier manera. (enero 2011)

Agua caliente a la izquierda igual que en Zurich. Cuento.

Agua caliente a la izquierda, igual que en Zurich

Imagen de Eduardo Persico
 
 
Ustedes son  cronométricos, miden exactos en décimas de micrones y nosotros miserables de tanta inmensidad,  pero eso sí, vos y yo por mandato de la especie y ajenos a cualquier mapa tendremos el mismo temblor... 



La avenida de Mayo en Buenos Aires pareciera no existir hasta cruzar con la calle Florida, ahí todavía nombrada Perú y con menos pretensiones de ser exclusiva y distante.
Esquina ajetreada desde el alba por caminantes regulados a semáforo y apuro bancario, que rezuma aires con  reminiscencia histórica: desde imaginarios paraguas del 25 de mayo de 1810 cuando ‘el pueblo quiere saber de qué se trata’ a ocres láminas escolares con palomas ahuyentadas a multitud y bombo, y bullangueros octubres con impreciso sabor a revancha.
Y a dos veredas de aquellos ecos de vivas y juramentaciones, en un bar con sillones canasta límites del Cabildo, el Quelo Varela apuraba a pura sonrisa, verso y camelo, a una rubia que conociera en el trámite de cambiar unos dólares el día anterior, sin más consecuencia  que volverse a ver.
Y la dulce azafata suiza que ayer se negara a ser regresada en taxi a su hotel, casi con entusiasmo le anotaba a Quelo su dirección en una servilleta de papel: Freni Dietz, Kloten, Zurich. Él  en verdad leía ‘Vreni’ y ella aplicando sus dientes al labio inferior sonreía Freni.
- Is my name - y Quelo Varela aventuraba su tarzánico inglés esquivando todo vocablo reo al preguntar ¿do you like another whisky?

En verdad mejor sonaría 'juiski', pero pensó  que si esta viajera al fondo del mapamundi entendiera la cierta intención de su ¿do you like?, no se escandalizaría. ‘Sí Quelo, no cualquiera actúa de exponente tribal ante una auténtica rubia europea, que escribiera su dirección en Zurich como si te  invitara a visitarla entre las cuatro y cinco de la tarde’.
Así que pagó y sin esperar más dispuso llevarla a conocer Buenos Aires, ‘Quelo protector de azafata indefensa en la riesgosa ciudad, un asunto tan imprevisible y secreto como exigen de los porteños'.

-¿Ves? Esta es la esquina de avenida de Mayo y Florida, al lado sucedió el Cabildo Abierto de 1810 y esta es la diabólica Plaza de Mayo donde los guarangos se lavaron las patas en la fuente en octubre del ’45 y luego las Madres de los Desaparecidos nos espabilaron una vez por semana, aunque muchos nunca lo  entendieron, y en esa Casa Rosada duermen las autoridades nacionales, una manera de decir.
Después del barrio que desafía a puro lujo, ese desperdicio de cemento es el Monumental Estadio de Fútbol cuya refacción  pagamos a tanto por gol para disimular el arrabal no capitalista, y esa confitería casi en sombras es la más costosa del planeta. Very expensive, Freni, too much, pero hoy no entramos porque /mirá que casualidad/, este es mi departamento. Entremos sigilosos, en voz baja, a enterarnos que una cama solitaria es ancha y ajena como la pampa; y antes que me olvide, si querés ducharte la llave de agua caliente es la izquierda, to the left, Freni, igual que en Zurich.
A propósito, ¿sabías que los sudacas no somos tan distintos? Ustedes son  cronométricos, miden exactos en décimas de micrones y nosotros miserables de tanta inmensidad, cualquier diferencia la mensuramos en hectáreas. Pero eso sí, vos y yo por mandato de la especie y ajenos a cualquier mapa, tendremos el mismo temblor de hace un milloncito de años al proteger nuestro apareo en la íntima selva. Entonces y sin protocolo, usemos esta encendida piel de primavera para envolvernos en acrobacias de tigre silencioso y pequeñas palabras; y por favor Freni, que tu rubor no sea fingido y dejes de estar tensa en el centro de la habitación, sonrisa apenas y rubor de hembra sorprendida en silencio.
Es tiempo de no temblar al besarnos porque si tu sonrojo iguala a este ataque adolescente que me llegó de golpe, esta escena  defraudaría al espejismo sensual de los países rubios. No me niegues que sos Freni Dietz, alhaja suiza de mi corazón sin derecho a comportarte igual que  una piba de mi barrio, hablándome del cantón donde naciste y cómo te peinaban cuando eras chica antes de oír misa en la iglesia de Schauffhauser.
O apretada, muy apretada a mí pecho, sonrías al hablarme de aquel novio que inauguró tu ternura al llevarte en la bici tras el puentecito del Rhin, porque no debemos distraer nuestra desnudez perdiendo miradas en los ojos al contarnos la niñez y averiguar de paso la verdadera historia. Eso no vale, no hay que renunciar a esta noche inolvidable, velada con resultado asegurado, Freni, y probemos con precisión suiza que el amante argentino es de buena perfomance y poco rechazo de fabricación.
Ese otro secreto nacional, mi amor, esa ficción de ganadores imbatibles del principio al fin, así nos va en la vida... Dulce, en este minuto yo ni cuento siquiera, pero hacer el amor pareciera el modo de mantenernos en el mundo, por bisnietos de quienes por el año veinte enriquecieron a los sastres londinenses comprando trajes por docena y luego, dando un saltito al Canal de la Mancha, coparon los burdeles de Francia a punta de guita y vaca llevada en el barco.
Reprimido y represor morocho y argentino rey de París, Freni, que nadie te muestre lo contrario, millonario con olor a bosta despreciado por los rubiecitos de ojos azules… Como los tuyos, mi amor, y no te rías de tanto pueblerino secreto nacional porque vos, mujer hermosa del mundo civilizado, no deberías abrazarme así ni arrobarte por mi beso en los párpados ni en lenguaje mezclado lamentar tanta demora en conocernos. Nos equivocamos, amor, como esta lágrima; vos no viajaste a Buenos Aires a dormirte en mi pecho o a tatuarme esta melancolía feroz que ya presiento.
Vos llegaste para ver malambo con boleadoras y oír falsetes de vetustos tangueros de pañuelo al cuello, y no a dejar tu letra en una servilleta de papel que al subirte al avión y por mucho recuerdo que inventemos, el olvido la borrará de un soplo. ¿Vos tampoco lo imaginaste así, Freni? Toda fruta guarda un mordisco agrio y habrá un borrón creciendo sobre esta caricia en el aeropuerto, a tu desmemoria la llenarán nuevas miradas y por mucho lloriqueo al despedirnos, nuestro intento de amarnos de fuga y contrafuga se morirá de tiempo…
Recién despierto y ya la luz detenida en el corazón de la mañana, Quelo Varela miró a Freni replegada sobre su propio cuerpo. Un mechón de pelo desordenaba el blanco de la almohada, fotograma a irse adelgazando; entonces le apartó una mano abandonada sobre su vientre y la besó en un hombro livianamente, demorando despertar a esa mujer que nunca volvería a ver. La  noche de amor con certeza de olvido inevitable había pasado y él rebuscó fugarse con cinismo doloroso y absurdo: ‘era cierto, las azafatas suizas también son seres humanos’.
___________________________________________________________

miércoles, 12 de enero de 2011

Fragmento de El Olvido està en Libertad. Novela. .


De ‘El Olvido està en Libertad’, novela de Eduardo Pèrsico, Futuro, enero de 1986

Capitulo 17. Diciembre de 1975.     
    
     A Quelo Varela ese fin de año tambièn le asqueaban las enunciaciones vanas y las grandes frases. “Este paìs serà el artìfice de su propio destino”. “Valores consagrados de la tradición contra intereses extraños al sentir nacional”; cuànto palabrerìo.si en la madrugada ambulan pibes idiotas de hambre. Què ganas de llorar la puta que nos pariò, se repetia y acumulaba una llorada calmadora de angustias, según hicieron tantos en mitad del ’74 con gimoteos desde la ingle ante la muerte del viejo Peròn. Cuando entre lloradores se colaron antiguos mandones, usadores del Poder, viejos y novedosos camaradas de armas, y tantos perpetuos sindicalistas con sus serviles guardaespaldas  empujàndose por una posición ante la cureña y su magnìfico cadáver. A èl le dolìa la frase ‘a peròn peròn que grande sos lo pueden heredar sus enemigos que odian al pobrerìo’ que dijera su amigo Jorgito, pero esa certidumbre de llanto acumulado por esos dìas lo atenuaba con Marìa Victoria, ùnica dueña de un negocio en Témperley sin mucha necesidad de ganar dinero y librera casi para entretenerse. Hermosa cuarentona de pelo corto y lejos de jugar en veteranas por su brillo pìcaro en la mirada, la justeza de sus nalgas y piel intrigante para ser devorada en besos mordisqueados de calmar la soledad y la frustración decada uno. Cuando Quelo la visitaba ella saludaba ‘hasta mañana’  a Liliana; su prescindible empleada y creciente mirona del vendedor, señor Varela; y ante tantas miradas en francès de la chica èl recibò un aviso de su angel atorrante y no perdiò tiempo. Diciembre descolgaba barullos de celebración y en tres breves contraseñas Quelo y Lilianita se convocaron a encontrarse ‘de casualidad’ en un bar cercano. Enseguida Quelo admitiò lo gratuito que eran sus versos cameleros ante esa liberada veinteañera estudiante de psicologìa que no ofrecìa resistencias,  y asì le desmañaba su machismo no habituado a perder por decisiòn del contrario.
- Vamos un rato a un lugar màs tranquilo - – le propuso la gatita serval embutida en unos ‘hot pants’ de moda, y ahì Quelo tuvo la sensación de cambiar de dìa sin saberlo.

El hotelito màs cercano estaba sobre la calle Pasco, dos pisos de habitaciones amontonadas con ventanas a un patio de estacionamiento, y con Lilianita bien entrenada en ejercicios de alcoba la sesiòn era discreta. Sin exprimentaciones ni acrobacias rebuscadas con un poco de ternura eso sì, la imprescindible, asì que pasado el primer encontronazo era natural fumar un cigarrilo mirando el cielorraso y dejarse hormiguear el vello del pecho al demorar alguna caricia sobre las colinas de la hembra joven. Separados, individuales y casi lejanos de ese ùnico cuerpo que se realiza entre dos cuando el amor es cierto.
- No me dijiste si estàs casado. ¿Tenès hijos? – preguntò la chica y los ruidos que llegaban de la otra habitación le hicieron pensar a Quelo que si algo no cambiaba en las amuebladas por hora era la intimidad ambiental. Se escuchaban grititos en la pieza contigua, pasos apurados y de pronto voces de orden desde el pasillo. Y Lilianita seguìa con su cuestionario del descanso, primer tiempo, en todo el àmbito los ruidos fueron creciendo y acallados de pronto. Por ahì un grito muy agudo se apagò de golpe, el traspiè de alguien apresurò la escalera y los tironeos ya eran pared por medio.

- De chica aprendì que a la gente mayor como vos debemos tratarla con  cariño- quiso bromear la chica ajena al resto. Y Quelo le dijo ‘dejate de joder y si entran quedate tranquila y no grites’ mientras se abrochaba la camisa y dos detonaciones atenuaron un chillido angustioso. Un miedo pegajoso lo doblegò al escuchar los pasos tancercanos y hasta maldijo estar ahì con esa pendeja espectacular ‘pero una tarada si no entendìa lo que sucedìa’. Afuera crecìan forcejeos, golpes, dientes apretados, resistencias hundidas en algùn sollozo y alguien que atinò a gritar ‘hijos de puta ella no tiene nada que ver’.
       Al descorrer apenas la cortina del ventanal divisò un auto maniobrando para buscar la salida. El chofer, un gordo de camisa colorinche por encima del pantalón y una careta de goma sobre la cara, bajò del auto y ayudò a tironear de los pelos a un tipo flaco que vestìa sòlo un vaquero azul. La incipiente luna de diciembre alumbrò las manos atadas del muchacho al voltearlo sobre el asiento trasero y el enmascarado en tanto hacìa lugar en el baùl del auto. Ahì Lilianita encendiò dos cigarrillos de espaldas a la ventana.
-         Tomà mi amor, fumà y contame que estàs viendo – y Quelo no respondiò. Abajo se veìa el coche con el baùl abierto y algo terrible lo congelò al ver embutiendo en ese hueco a una muchacha; largo pelo negro, mal envuelta en un sàbana con manchas de sangre y una pierna tostada le colgó unossegundos afuera antes de cerrar la tapa. La luz de la noche se le abatiò por ùltima vez y el Falcon gris saliò sin apuro.

Pasado un rato el silencio era imbatible y no queriendo seguir en el papel de tipo grande y asustado, Quelo Varela se esmerò en reflotar alguna ocurrencia que lo devolviera a la cama. Pero a pesar del entusiasmo de Lilianita no hubo caso; aquella fiestonga de fin de año fue organizada en unj ambiente muy ruidoso, animado por màscaras no invitadas.     
.  ----____________________________________________________________________________

martes, 21 de diciembre de 2010

Un ideario constante y su procaz libreto. Opinión.


                   

                        …los sectores más reaccionarios a una posible movilidad social en Argentina aguardan cualquier flaqueza institucional, para arremeter y tumbar al gobierno                     


                                   Por Eduardo Pérsico. 

        Más que en ninguna clase social, en los sectores más altos de la escala es donde sus miembros más se ven obligados a un comportamiento colectivo. Algo que a primera vista parece contrariar a quienes, - férreos defensores de la libertad de elección individual en el discurso- están más vinculados entre sí hacia un objetivo común: la preponderancia de ese grupo sobre el resto de la sociedad toda. Dentro del mismo espíritu corporativo queda entramada la concepción clasista por sobre la conducta individual, y sin notarlo el rol consiste en permanecer en lo más profundo de esa integración. Una expresión clasista hasta llegar esta revalorización de la mujer como género, algo que puede cambiar el comportamiento del conjunto, en la clase ‘alta’  Argentina las relaciones sociales son la herencia que sostiene la cohesión social del privilegio y hoy día, de quienes presionan contra la movilidad del resto de la sociedad. Sin hablar de un serio ideario de clases, los ramplones libretos xenófobos, segregacionistas y baratos que recitan ‘ellos’ los mantiene en el ‘nosotros’, tozudos en darle reglas generales a un mundo que desconocen. Vale recordar que al sancionarse el voto femenino en Argentina y aplicarlo el gobierno peronista por 1950 por el fuerte impulso que a esa ley diera Eva Perón, la reconocida feminista Victoria Ocampo, figura señera de la oligarquía argentina que ya venía bregando por lo mismo, se opuso a ella ‘porque se trataba de una maniobra electoralista’. Un discurrir sectorial a ras del piso que suelen mostrar esos ‘nosotros’ que se sienten únicos en el mundo,  y a quienes si la realidad les demuestra una movilidad social que desprecian,  más la desprecian si no le atribuyen a ellos su eficacia. Chicos caprichosos, digamos. 

     Estos y otros rictus o cosmovisión de poder convence a ‘ellos’ de ser referentes de todo y así actúan. Aunque pierdan el manejo administrativo del gobierno no dejan de gestionar su posición mandante y hasta suponen que nadie lleva la cuenta de sus atrocidades ni conoce su actuación según clase dominante contra las mayorías desde nuestra fundación como país. Y  aunque retórico vale decir que los agroexportadores dueños de la tierra, por siempre vinculados a los intereses financieros internacionales, evasores impositivos y blanquedores de fortunas en paraísos fiscales, desde nuestro inicio como país estuvieron contra una igualitaria y responsable organización nacional. ‘Ante los señores de la tierra jamás se pudo’ suena  a certeza vergonzante y al caer el Irigoyenismo en 1930 como el Peronismo en 1955, - dos gobiernos electos con vocación progresista pero que ni amagaron una reforma agraria en esta geografía ‘castigada por la inmensidad’- esa clase alta se consolidó intacta y fortificada. Y al retornar ellos al poder fáctico y desembozado, se exhibieron discriminadores y feudales y aunque sin incidencia de los industriales también ricos pero menos primarios en las relaciones de capital y trabajo, ‘ellos’ persiguieron toda idea de organización laboral ya obtenida o creciente. De golpe la movilización sindical pasó a ser un delito penal y sin escándalo ni rubor ratificaron la enseñanza católica en una demostración lindante con la irracionalidad en un país más que afortunado por las variadas corrientes culturales que lo habitan. Pero claro, para ese medievalismo anormal actuaron ‘ellos’ y sus confesores frente al resto, ‘tan ignorable, pobres’, aunque el vaciamiento de creyentes en la misa y la disposición a nuevas maneras de la convivencia como abortos, matrimonios igualitarios y demás, el aporte divino ya acerca menos el cielo a los señores de la tierra.          

       Así en esta última quincena del año 2010 dentro y alrededor de la ciudad de Buenos Aires hubo varias ocupaciones ilegales de lugares públicos por gente que reclama su vivienda propia. Algo extemporáneo al agregarse no pocos inmigrantes de países limítrofes a la intrusión, donde fueron censadas varios miles de personas necesitadas y varios elementos sospechosos en un predio que debía cuidar el gobierno de la ciudad de Buenos Aires, opuesto al central. Sin violencia la autoridad nacional los desalojó pero el clima de inseguridad pública quedó instalado y acicateado por los medios de comunicación y el desenfreno del gobierno opositor de la ciudad de Buenos Aires. Para desalojar a todos se lucieron algunos ‘barrabravas’ del desorden y el choque pagados nadie sabe cómo, pero los ocupantes en su mayoría eran familias de indigentes verdaderos y no hubo violencias mayores. Algo que la paleolítica derecha política del país no absorbió del todo al insistir en expulsar por la fuerza para luego, según hábito y costumbre, cargarle el precio político al enemigo de turno y en este caso, exigirle al gobierno constitucional evacuar la ocupación por la fuerza y capitalizar luego a su favor el costo político de la represión con armas de fuego. Un límite que Cristina Kirchner se niega a cruzar en esta instancia en que los monopolios  comunicadores del país en acuerdo con la derecha autóctona y perpetua, critican el Estado Ausente ante la inseguridad en una batalla más con el gobierno nacional que abarca también la nueva ley de comunicación audiovisual. Es sabido que los sectores más reaccionarios a una posible movilidad social en Argentina aguardan cualquier flaqueza institucional para arremeter y tumbar al gobierno actual, antes de llegar a una nueva elección de la presidente en octubre del 2011. Detrás de este manifiesto embate golpista no existe más que desactivar algo de lo actuado por esta administración contra sus intereses,  y de un golpe palaciego volver atrás no sólo lo sancionado en el rubro comunicaciones, sino también en los controles de las exportaciones, la posible averiguación de los dineros lavados en el exterior y otros avatares que inquietan a los dueños del Poder. Lo siguiente como la enumeración y antecedentes de actores, protagonistas y figurones secundarios puede esperar, en tanto sabemos que aunque cada  nombre resuene diferente todos ellos provienen de los mismos ‘nosotros’ sin idearios pero con esos libretos repetidos y siniestros que tanto hemos escuchado. dic.2010