Cualquier circunstancia puede recordarnos que muchas representaciones provienen de muy lejos y sin agudizar una gran imaginación, vemos que con variado atuendo hoy actúan los intérpretes de la pasada historia igual que si ofrecieran un estreno. Jefes de la manada, figurones y majestades que ‘por llegar del cielo’, se hicieron reyes, rabinos, ayatolas y papas del infinito desconocido, retornan y reciclan casi naturalmente. Esa grandiosa picardía del Poder que ante un pensamiento racional no podría perpetuarse, hace que estos personajes persistan con estrafalarios bonetes y disfraces de bendecir las imaginaciones y temores del gentío, ataviados a la usanza que ni ellos podrían explicar. Estos virtuales actores que se lucen parloteando sin pausa los misterios de un dios superior que pronto ordenará debidamente los reinados, - una promesa reiterada como si nada- se erigen en tribunos inagotables del ‘orden natural y divino’; un concepto temerario, digamos científicamente, y testigo que para la mayoría de los religiosos el tiempo transcurrió sin ninguna noticia; un relojero y absurdo transcurso de las horas en el pensamiento de la humanidad. Igualmente acontecieron y disfrutamos hechos irrebatibles en el planeta a pesar que siempre y antes de Galileo, estos mismos bribones fueron impiadosos con la ciencia y la justicia oscureciendo cualquier novedad que no los favoreciera. Por decir, advirtieron que ubicar al Sol como centro del sistema planetario destronaría a la Tierra, y eso de convertirla en un cuerpo celeste más expresaba un ataque contra el bien de dios que desprecian los herejes, más otras locuciones de la teología medieval.
Con esta gente y otros comediantes tenaces en sostener pícaros y sagaces discursos desde cualquier púlpito, hoy el Vaticano se animó a exigir inmunidad jurídica con más otras prerrogativas para sus ‘servidores de la Fé’; sin excluir del privilegio a los mismos tipos que entre misas y oraciones violan a los alumnos del seminario o ejercitan su pedofilia por los rincones como un acto del sacerdocio. Y por ser tan grave y nauseabunda esta cuestión eclesial, además de las sanciones monetarias recibidas por hechos delictuosos en Irlanda y Bélgica, en la justicia de California, Estados Unidos, por ciertos hechos de abusos y violación se sustanciaron denuncias contra la misma Santa Sede como institución. Algo jurídicamente amparado por la Corte Suprema norteamericana que no aceptó el pedido de inmunidad solicitado por el Vaticano en un probado caso de pedofilia en ese país, y en el cual consta que "el Vaticano estaba advertido de la perversión del religioso pero el Papa y la Congregación para la Doctrina de la Fe no removieron al cura pedófilo". Un corporativo y amistoso desliz papal que derivó en algo muy preocupante para los catolicismos locales en cada país, donde las perversiones son ya institucionales para los innumerables sacerdotes que por formación y condición tienen muy confusa su condición sexual como personas. Y digamos, la cerril oposición que la iglesia católica despliega al uso del condón, la unión entre personas del mismo sexo, el divorcio y otras expresiones de una sociedad contemporánea más libre, nos advierten sobre las manifiestas represiones sexuales de los religiosos que con sus perversiones y dualidades éticas fueron despoblando los templos hasta en la misma América Latina. Un serio baluarte del catolicismo durante siglos donde también y más cerca en los almanaques y calendarios, abundaron las impunes jerarquías complicadas en la desaparición de personas y cientos de apropiaciones también ilegales de niños, más otros servicios conjuntos con los militares que asolaron estos pagos.
Con certeza, si prosigue la judicialización contra la pedofilia y el abuso de menores por los curas católicos que ocasionen rigurosos fallos de la justicia, en los púlpitos arreciarán las severas arengas. ‘Nuestras más hondas tradiciones peligran y perder el reino de los cielos nos devolverá a la penumbra del castigo sin retorno’, hemos leído con más un desprecio a los infieles jueces y demás discutidores de dios con una justicia terrenal que ellos no comparten. Y bueno…
Estos farsantes del poder extraterreno del más allá, por estilo casi no acusan la descalificación y enfrentar hoy a los insensibles bárbaros ajenos al hombre a imagen y semejanza de dios, -eso que al parecer sólo ellos bien conocen- les insumiría muchísimo trabajo. Así seguirán pontificando sin agregar, eso sí, ni un párrafo verdaderamente comprometido y opuesto a la injusta y brutal implementación de la economía; esta misma que rige realidad siniestra a casi toda la humanidad. Si cada cinco segundos se muere de hambre un pibe en el mundo y no comemos todos, este viaje es sin retorno por más dioses que nos acompañen. Menos aún cuando sus ‘enviados del cielo’ corregirán a los pecadores incrementando las penurias en el infierno. Y una vez al menos dejen de joder con reiterar zonceras infernales que Los que Mandan en el mundo verdadero de la economía y sus adyacencias, no se inquietan por discursos comunes o celestiales. (agosto 2010)
lunes, 6 de septiembre de 2010
UN EMOTIVO ENCUENTRO. Cuento.
Si Atlanta jugaba con Rácing no sería bueno atropellarse con la multitud y ellos se juntarían en el bar cerca de la cancha. El Ruso llegó algo atrasado, entretenido por un amigo que le regalara su entrada, dijo, y los tres se fueron caminando por Dorrego.
-Hoy ganamos, Ruso - dijo el Bebe palmeándole el hombro.
-Dios te oiga, pero Racing viene primero- musitó Alberto y del subterráneo de Corrientes brotó un malón flameando una bandera.
- Ruso, ¿vos ya tenés la entrada?
- Sí.
Sobre la puerta del edificio donde vivía el Bebe un remolino de gente los obligó a separarse y luego de cruzar la vía Alberto preguntó.
- Che Bebe, ¿dónde se metió el Ruso?
- No sé, andará por ahí adelante- y siguieron por Humboldt, volvieron hasta la barrera del ferrocarril y al no verlo el Bebe suspendió la búsqueda.
- Vamos que está por empezar y el Ruso boludo ya vendrá.
- ¿Dónde se habrá metido? – apenas preguntó Alberto y entraron..
En los primeros minutos sólo hubo un derechazo del nueve de Atlanta por encima del travesaño y el Ruso entrar con delicadeza la mano bajo la blusa de Nora. Ninguno se preocupaba por atacar y Nora estiró una mano y dejó el dormitorio a media luz. El inicio prometía: el diez de Racing se apresuró en un contragolpe y el Ruso desabrochó su camisa mientras Nora cumplía el rito de acariciarle el pecho. En Atlanta el medio campo era luchado pero al quitarse el Ruso sus mocasines, Nora se subió descalza sobre sus pies y al tambalear en la alfombra se rió, bien chiquilina. El encuentro seguía, a la media hora Alberto reclamó un penal en el área de Racing y el Bebe lo secundó puteando al referí que pitaba en contra de Atlanta. Aunque sin reclamar infracciones Nora y el Ruso se devoraban; en un gemido la mujer levantó las piernas al infinito en la misma jugada el Ruso se venía se venía y ella cruzó la línea de gol del alma y todos los sentidos...
Luego de la primera emoción de la tarde Nora pegadita al Ruso le murmuraba en el oído, ya que los del departamento contiguo no eran sordos ni ciegos como ese referí hijo de puta que durante el primer tiempo cero a cero pitó siempre en contra de Atlanta y ni cobró ese penal evidente al revolcarse los dos en la alfombra del área chica. Y llegado el entretiempo Alberto y el Bebe estiraron la cabeza sin divisar al Ruso; un imbécil que no veía el partido por tener sus ojos entornados y echando humo al cielorraso. Con el clima algo fresco los jugadores tomaron agua natural, Alberto y el Bebe manotearon dos vasitos de Pichi Cola y Nora, ignorando el reglamento de su casa sirvió dos traguitos de whisky sin hielo.
Al principio del segundo tiempo no hubo nada interesante, salvo dos cruces hacia la izquierda del ocho de Atlanta y las manos del Ruso recorriendo minucioso el cuerpo de Nora, recostados en la cama al cambiar de arco. Pero cuando Racing abrió el marcador tras un tiro libre que desvió un defensor, hubo un griterío y ahí Nora y el Ruso se preguntaron la hora aunque el juego siguiera tan emocionante como en la primera etapa. Faltando cinco minutos y Racing uno Atlanta cero, Alberto y el Beto no hallaban consuelo en tanto el Ruso y Nora se besaron en una arremetida final antes de abrir sigilosos la puerta del departamento, por donde se filtró un jugador de Atlanta para anotar el justiciero empate.
.
El Ruso se apuró en llegar a la cancha, preguntar cómo fueron los goles y todavía ver el final cansino del encuentro bajo un sol en retirada. Y al reencontrarse en la vereda Alberto le preguntó.
-¿Qué te pareció, Ruso?
- Un vergüenza, ese referí nos robó el partido - soltó la usual frase que el Bebe no le creyó.
-Callate traidor; que lo viste en la tribuna visitante. Con hinchas así nos vamos al descenso – se iría riendo el Bebe al entrar al edificio donde su esposa estaría mirando la televisión. (Set.2010) __________________________________________________________
-Hoy ganamos, Ruso - dijo el Bebe palmeándole el hombro.
-Dios te oiga, pero Racing viene primero- musitó Alberto y del subterráneo de Corrientes brotó un malón flameando una bandera.
- Ruso, ¿vos ya tenés la entrada?
- Sí.
Sobre la puerta del edificio donde vivía el Bebe un remolino de gente los obligó a separarse y luego de cruzar la vía Alberto preguntó.
- Che Bebe, ¿dónde se metió el Ruso?
- No sé, andará por ahí adelante- y siguieron por Humboldt, volvieron hasta la barrera del ferrocarril y al no verlo el Bebe suspendió la búsqueda.
- Vamos que está por empezar y el Ruso boludo ya vendrá.
- ¿Dónde se habrá metido? – apenas preguntó Alberto y entraron..
En los primeros minutos sólo hubo un derechazo del nueve de Atlanta por encima del travesaño y el Ruso entrar con delicadeza la mano bajo la blusa de Nora. Ninguno se preocupaba por atacar y Nora estiró una mano y dejó el dormitorio a media luz. El inicio prometía: el diez de Racing se apresuró en un contragolpe y el Ruso desabrochó su camisa mientras Nora cumplía el rito de acariciarle el pecho. En Atlanta el medio campo era luchado pero al quitarse el Ruso sus mocasines, Nora se subió descalza sobre sus pies y al tambalear en la alfombra se rió, bien chiquilina. El encuentro seguía, a la media hora Alberto reclamó un penal en el área de Racing y el Bebe lo secundó puteando al referí que pitaba en contra de Atlanta. Aunque sin reclamar infracciones Nora y el Ruso se devoraban; en un gemido la mujer levantó las piernas al infinito en la misma jugada el Ruso se venía se venía y ella cruzó la línea de gol del alma y todos los sentidos...
Luego de la primera emoción de la tarde Nora pegadita al Ruso le murmuraba en el oído, ya que los del departamento contiguo no eran sordos ni ciegos como ese referí hijo de puta que durante el primer tiempo cero a cero pitó siempre en contra de Atlanta y ni cobró ese penal evidente al revolcarse los dos en la alfombra del área chica. Y llegado el entretiempo Alberto y el Bebe estiraron la cabeza sin divisar al Ruso; un imbécil que no veía el partido por tener sus ojos entornados y echando humo al cielorraso. Con el clima algo fresco los jugadores tomaron agua natural, Alberto y el Bebe manotearon dos vasitos de Pichi Cola y Nora, ignorando el reglamento de su casa sirvió dos traguitos de whisky sin hielo.
Al principio del segundo tiempo no hubo nada interesante, salvo dos cruces hacia la izquierda del ocho de Atlanta y las manos del Ruso recorriendo minucioso el cuerpo de Nora, recostados en la cama al cambiar de arco. Pero cuando Racing abrió el marcador tras un tiro libre que desvió un defensor, hubo un griterío y ahí Nora y el Ruso se preguntaron la hora aunque el juego siguiera tan emocionante como en la primera etapa. Faltando cinco minutos y Racing uno Atlanta cero, Alberto y el Beto no hallaban consuelo en tanto el Ruso y Nora se besaron en una arremetida final antes de abrir sigilosos la puerta del departamento, por donde se filtró un jugador de Atlanta para anotar el justiciero empate.
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El Ruso se apuró en llegar a la cancha, preguntar cómo fueron los goles y todavía ver el final cansino del encuentro bajo un sol en retirada. Y al reencontrarse en la vereda Alberto le preguntó.
-¿Qué te pareció, Ruso?
- Un vergüenza, ese referí nos robó el partido - soltó la usual frase que el Bebe no le creyó.
-Callate traidor; que lo viste en la tribuna visitante. Con hinchas así nos vamos al descenso – se iría riendo el Bebe al entrar al edificio donde su esposa estaría mirando la televisión. (Set.2010) __________________________________________________________
EL IMPERDONABLE DOCTOR TALCAHUANO. Cuento.
Acaso por vivir su niñez entre tías de llevarlo a misa los domingos y otras desechadas costumbres, aunque fuera un especialista en asuntos de familia al doctor Talcahuano las mujeres le alteraban el ánimo. Exitoso profesional que al ir engrosando sus ingresos como abogado y ya casado con Silvia, contrató de secretaria a Lorena, divorciada de treinta y cuatro que de tan segura y eficiente, no admitió encamarse con él en la hora del almuerzo. ‘¿Pero cómo? Esa habitualidad es de rigor entre nosotros’ le anunciaría un colega, pero también por cosas habituales su esposa y Lorena, su empleada, cada tarde más charlarían por teléfono y según los códigos mujeriles fueron ganando espacio, sin aviso las dos decidieron juntarse a tomar un té. Ya en el primer encuentro que repetirían cada tanto, hablaron de amoríos, desencantos, arrimes en lugares imprevistos y al pasar, Lorena deslizó su amistad con otra adolescente cuando viviera pupila en el Sagrado Corazón. Un renglón que sin esperarlo entusiasmó a Silvia, 'contame más, eso debe ser apasionante', siguieron confesiones que cambiarían la inicial formalidad y al despedirse admitieron, entretenidas en mirarse, compartir el anuncio de un secreto. 'Somos tan pacatas que vivimos ocultando', se animaría Silvia; Lorena la miró humedeciendo los labios 'depende de la otra persona' y se despidieron postergando palabras. Unos días más tarde en el mismo bar, se distrajeron en rozarse las manos al juntarse. Silvia pidió un whisky y Lorena una copa de vino blanco; la charla andaría nuevos carriles y el mozo por un rato ausentaría su mirada. Acaso cuando alguna de las dos repitiera 'me gusta estar con vos' convinieron reunirse más tranquilas y secreto decretado. .
En el pequeño departamento de Lorena anduvieron al desgaire y luego de preparar café, se acercaron a ver decaer la tarde, sin hablarse. Los pocillos en la mesita baja se irían enfriando, el venidero paso no era fácil y al arrimarse Lorena se recogió el pelo con las dos manos. 'Estoy algo nerviosa' alcanzó a pronunciar Silvia y un beso temeroso las conmocionó; ya el temblor de las anunciaciones se adueñaría en tanto afuera ya el atardecer era un fulgor opaco. Las manos se animarían a recónditos sitios, y al destrabar breteles y desechar encajes llegaron enlazadas al insondable milagro de algarabía, se dijeron más tarde.
¿Qué pasiones postergadas las enamoraron para que ‘estas dos locas se fueran a vivir juntas’?, - se preguntaría el abogado Talcahuano uno meses más tarde cuando su esposa Silvia le dijera ‘lo nuestro se acabó, Facu. Aquí termina’. Aunque acaso para él la desdicha mayor que su derrota catedrática, - no hallar jurisprudencia adecuada, como abandono preterintencional o tesis parecida- fue la bestial vindicta varonil de sus colegas. 'Pero doctor, ¿cómo dejó que las dos minas lo cornearan en un solo acto y al mismo tiempo?. Eso no es profesional y nos hace quedar muy mal a todos'. Pero claro, al doctor Talcahuano las mujeres solían alterarle el ánimo…
En el pequeño departamento de Lorena anduvieron al desgaire y luego de preparar café, se acercaron a ver decaer la tarde, sin hablarse. Los pocillos en la mesita baja se irían enfriando, el venidero paso no era fácil y al arrimarse Lorena se recogió el pelo con las dos manos. 'Estoy algo nerviosa' alcanzó a pronunciar Silvia y un beso temeroso las conmocionó; ya el temblor de las anunciaciones se adueñaría en tanto afuera ya el atardecer era un fulgor opaco. Las manos se animarían a recónditos sitios, y al destrabar breteles y desechar encajes llegaron enlazadas al insondable milagro de algarabía, se dijeron más tarde.
¿Qué pasiones postergadas las enamoraron para que ‘estas dos locas se fueran a vivir juntas’?, - se preguntaría el abogado Talcahuano uno meses más tarde cuando su esposa Silvia le dijera ‘lo nuestro se acabó, Facu. Aquí termina’. Aunque acaso para él la desdicha mayor que su derrota catedrática, - no hallar jurisprudencia adecuada, como abandono preterintencional o tesis parecida- fue la bestial vindicta varonil de sus colegas. 'Pero doctor, ¿cómo dejó que las dos minas lo cornearan en un solo acto y al mismo tiempo?. Eso no es profesional y nos hace quedar muy mal a todos'. Pero claro, al doctor Talcahuano las mujeres solían alterarle el ánimo…
viernes, 3 de septiembre de 2010
Y EL OLVIDO NO SIGA EN LIBERTAD. Cuento.
Toda estación de trenes duplica los silencios. Los rostros se pierden tras la lluvia y solo, doblemente solo al filo de la tarde, el escriba fatiga de ida y vuelta alguna frase: ‘cada pájaro del atardecer descarga la penumbra por los techos del mundo’ un poco lo consuela. Si al fin en toda soledad compadre a la nostalgia, nos puede aparecer un rostro lengua afuera, esa pena de burlarse uno mismo tan útil al fracaso. Y tal vez por igual al deleitoso licor de un buen recuerdo, el más tenaz renglón de la memoria debe ser repetido del principio al cansancio en el diario pelear contra el olvido. El romántico juego por calles de nostalgia puede ser desmemoria, y no valen ventanas con mujer de enigmáticos ojos si ese ‘no recordar’ por siempre nos derrote.
Menos literatura señoras y señores; es de ley convocarle más voces al silencio y amotinar el ayer junto a nosotros. La juventud perdida es siempre imaginaria, una sombra de tango lloviznoso en renglones que vuelven sin descanso, pero no dejemos resquicios para que la historia verdadera se pierda con tanta libertad. No hay medio paso atrás con el pasado, si perdemos más horas volverán nuestros sueños a ser flores de trapo o el lagrimear silencio por tanta furia que nos clavó las uñas. Si nadie enjugó en misas ser violada a destajo, es vano traficar con la tortura de nuestros propios muertos. Es tiempo que archivemos tanta oración sabida si hay verdades con peso que aguardan pronunciarse. La historia ha de servir si la ayudamos quitándole la amnesia y el silencio Ya lo hemos aprendido: el olvido en los pueblos es un fusil taimado de celoso gatillo que se dispara solo, y hay que estar muy atento para evitar suicidios.
Siguió un rato el escriba borroneando ida y vuelta y según es costumbre, creyó escribir ya antes esos mismos renglones. (set.2010)
RENGLONES LUNFARDESCOS.
BAR ESCALADA
.
Feca de la estación, bulín al paso,
cuánto extraño tu tibia lejanía,
tu foto de Gardel y el escolaso
que hice en tu mesa con mis alegrías.
En conversa y billar se fueron yendo
horas del viejo bar, tiempo atorrante.
Sonaba el fono, llamaba alguna mina;
fierros del metejón, cuore flamante.
Memoro tu barullo y en la zurda
se me atropellan pálidas y brecas.
Boletos sin cobrar y tanto olvido.
Más al fin, en la extraña meresunda
de este casete grabao en mi cabeza,
sos cacho de mi sueño preferido.
^^^^^^
{
MAESTRA DE QUINTO.
Mina primera que abrojó mi anhelo,
¿tras cuántos grises quedaron encendidos
tus ojos, faroleando en mi desvelo
de mapas y deberes corregidos?
Te arrimo el randevú de mi parola,
un sencillo tanguito, cachusiento,
a vos, que me enchufaste en la zabiola
estos truchos palotes de mis versos.
Porque segunda madre y primer sueño,
dulce maestra de mi quinto grado,
siento aromas de tiza y pizarrón.
Y en este examen por sentirme dueño
de regresar a pibe, retardado,
hoy te bato mi caliente metejón.
<<<<<<
LABERINTO CANCHERO.
A Jorge Luis Borges.
'El que dice burgués pronuncia Borges',
tartamudeó el chicato, despacioso,
junando al cielo con cara de pirado,
careteando en fingir hacerse el oso.
Los giles daban huevos por ficharlo:
poderlo franelear, enchabonados
a escracharse con él. El cholulaje
la juega de arrastrón en cualquier lado...
Pero el Yoryi fue un seso de primera.
Un pensante entrenao de ponga y meta.
Un marote a bastón yirando el mundo.
Que a veces se zarpó, como cualquiera,
y nos dio embole con su manganeta
de viejo sobrador, turro y profundo
^^^^^
LA FLACA
(In memorian, sin soneto ni sanata)
La jugaba de Freud y Tallaferro,
también de Marx y Catulín Castillo.
Tenía miga en el bocho la sofaifa
chamuyando balurdos que dan brillo.
De mufas, yo que sé, una ponchada...
Sabía el antes, el después y el que sé cuánto.
/Reciclaba fangotes de mi abuela
pa' batir mi porqué del desencanto/
Si andaba shome, con orsai del cuore
y embroyao de recuerdo el cablerío,
se acodaba a mi estaño, madrugada,
a escabiarnos una lágrima de olvido.
Lástima el punto que traía de arrastre,
un pinta casoriao, de verso y calma,
que le hizo un curro chambón del amorío
y le rompió hasta el himen de su alma.
Era pinga la flaca, era muy pierna;
Casi fue dueña de mi lado izquierdo.
Ternura inolvidable de amueblada...
De no haber sido por su chamuyeta
que cinchaba a Lenín con Pirandello,
no la habría tumbado la pesada.
^^^^^^^
PUNTO FINAL.
Se afeitó como pudo, era la hora.
Armó el bagayo y se quedó esperando.
La parca le batió 'venga la llave,
se acabó tu pensión. Vamos andando'.
Y olvidao entre nubes y angelitos
escurre que en La Nada no hay fandango:
reventó con tres millones en el bolso
y Dios no le da bola, ni coimeando.
<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<
FIOCA,
A mi viejo Pablo.
En el treinta era liso de yuguiyo
sobrando escracho con su trucha langa.
Remolón pal’ boliche y el escabio:
piantaba al trago que no le hiciera falta.
Era pinta dequera, sin camelo.
Inglés el casimir, alto y morocho.
Cuando rajó Irigoyen la yiraba
montado sobre un Oakland ’28.
Era radicha de alma, yo lo supe,
me lo batió un jovato en un estaño
que anduvo a rueda de él y de otros cosos
en el Avellaneda fulo de esos años.
No precisó ser olfa de caudillos
pa’ tirar su cafiola entre la mersa.
Minga de lata y bufo en la cintura,
la jotrabó de simpatía y conversa.
De profesión “chaufeur” el caralisa,
la yuta lo enrolaba en los decentes.
Cada cambio de chafe era tachero,
su otra ocupación independiente.
En eso andaba aquella noche bronca,
cuando un dorima arremetió de chumbo.
Informe policial: “asalto a un taxi.
El choferato se encuentra medio fundo”.
Nunca ortivó la justa de ese fato,
A mí me la contó muy diferente.
'Era un punto mamao'. 'Me olvidé el vuelto'
'Se ensartó con otro fercho, confidente'.
Se nos vino tordiyo y sin Carmela
se bancó la barraca de su estampa
No acusaba el retiro pero anduvo
ladeao dos años con un fueye en yanta.
Subió al Lacroze por el mes de agosto,
casi me saludó desde el estribo.
Yo miré pa’ otro lado, me hice el boncha.
¡justo cuando empezaba a ser mi amigo!
Hoy lo imagino de capota baja,
Yirando con un Santo de ladero.
Haciendo facha en la puerta de San Pedro
Y atracándose a las vírgenes del cielo.
<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<
CANTOR DE PATIO
Suena a cuento que existió aquel guitarrero
alentado a tintillo y madrugada,
¡y qué gusto campanearlo al apilarse
montado en las seis cuerdas desgastadas!
El cantor que por siempre irá cantando,
vestía su corbatín y un saco oscuro...
Remontaba canciones nostalgiosas,
palabras amarillas del olvido,
las índoles del viento en cada estrofa
y un contracanto bronca en el rasguido.
Destemplado cantor del barrio antiguo,
adherido en el patio a un valsecito;
las yiros veteranas le apreciaban
su modo de junarlas, despacito.
Decía de andares con hembras y cuchillos,
y amaneceres lerdos, y neblinas.
El cantor melancólico del patio
tenía en la voz simpleza de glicinas.
Cayó sobre su sombra en un rasguido
el guitarrero aquel, de patio y vino.
<<<<<<<<<
AL AMANECER.
Cruza el 'autito azul', inclaudicable,
Por la avenida, sola, va una mina.
enganchado a un silbido arma su kiosco
el que vende los diarios en la esquina.
Un laburante aguanta en la parada
a un bondi demorao, que nunca llega.
Vienen dos pibes compartiendo un fumo,
reventados de birra y tanta yerba.
Y de coraje trucho, los pendejos
nafan el casetín, de atropellada
a un checo estacionao lejos del foco.
Y siguen su rolar, como si nada.
Al toque curran a la pobre mina:
sevillana, cartera y disparada
cuando el autito azul, ¡qué mala leche!
lentamente volvía de recalada.
El mayor fue boleta de movida:
chumbazo y a cobrar, sin balotage.
Y aunque el más chiquilín siguió de vuelo,
los canas lo dejaron que se raje.
Un chorito finucho en la cuneta.
Baja el taquero del auto patrullero.
Viene el coleta que tardaba tanto.
Truena en la radio un tango de Rivero.
<<<<<<<<<<<<<<<<<<
AQUEL VECINO.
El hombre se escribía su versito
iluso que una vez alguien dijera:
'sí, es el que yo le digo, uno bajito
que vive aquí nomás, a dos veredas'.
Nadie lo veía andar, sombra en la niebla,
perdiendo sin cesar sitio en la fila.
O soledoso algún domingo al parque
a chamuyar con el yobaca de la estatua.
Todo cuánto buscó lo halló deshecho,
sin gloria ni manera de un regreso.
La vida hizo la suya sin mirarlo,
ni un cacho de atención. Menos que eso.
La muerte lo emparvó sin darle aviso.
Una siesta, cansao, siguió de largo.
El hijo no llegó, estaba en viaje.
La esposa lloriqueó más que llorarlo.
'De puro cabezón no vivió mucho',
ella, que ya ni apenas lo corneaba.
El mundo sigue igual. Sonó el vecino
que soñaba versitos. Casi nada.
<<<<<<<<<<<<<<<
POLITEAMA.
Palabras desde aquel bar,
mi rincón que un otoño se fuera.
A este Buenos Aires lo inventamos cien locos,
cien tipos aburridos cerquita del suicidio.
Y esta tarde me puse a mirarle la entraña
/boliche de mi barrio, cómo se habrán reído/
Los sábados se instalan sobre mi lado óseo,
ese costado duro donde adormece el canto.
Y este sábado agosto llueve todas las lluvias
y yo esperando a nadie. Lo hago de tanto en tanto.
Tuñón pasó hace un rato. Me regaló angelitos.
Erdosain se fue lento chapoteando su angustia.
Un protestón barbudo me propone revueltas
y gardeles de trapo cantando letras mustias.
Un diariero aguachento bancando pulmonías.
Taxi, va una pareja y amueblada furtiva.
Cruza un fiolo empolvado que olvidó el almanaque:
rebusque vespertino de yiranta aburrida.
/Qué sábado a la tarde de lluvia y compañía/
Ni está el loco de siempre explicando razones
y este costado duro donde recuesto el canto,
hoy lo mastica el solfa de antiguas frustraciones.
Me lo comen las minas que habitaron mi sábana
y amasados acordes de insomnio guitarrero.
Esta astucia constante de estafarme yo mismo
y mi triste zoncera de creerme mosquetero.
Politeama, boliche, te inventaré otro sábado
con pibes que nos suban remando la alegría,
y que canten gritando su manera futura
aunque la tarde escurra pañales de agonía.
Que entren sin importarle lo que dijimos antes,
y si importa, que apenas nos digan buenas tardes.
Que esta mufa no siga llorando letanías,
Y se muera el cafiolo y el diarero se salve.
Yo te juro, me borro de escribirte palabras
aunque aquella no vuelva cuando llegue ese día.
Ni le diré al mozaico que manotea la guita
/un feca cuatro mangos... qué cara está la vida/
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Feca de la estación, bulín al paso,
cuánto extraño tu tibia lejanía,
tu foto de Gardel y el escolaso
que hice en tu mesa con mis alegrías.
En conversa y billar se fueron yendo
horas del viejo bar, tiempo atorrante.
Sonaba el fono, llamaba alguna mina;
fierros del metejón, cuore flamante.
Memoro tu barullo y en la zurda
se me atropellan pálidas y brecas.
Boletos sin cobrar y tanto olvido.
Más al fin, en la extraña meresunda
de este casete grabao en mi cabeza,
sos cacho de mi sueño preferido.
^^^^^^
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MAESTRA DE QUINTO.
Mina primera que abrojó mi anhelo,
¿tras cuántos grises quedaron encendidos
tus ojos, faroleando en mi desvelo
de mapas y deberes corregidos?
Te arrimo el randevú de mi parola,
un sencillo tanguito, cachusiento,
a vos, que me enchufaste en la zabiola
estos truchos palotes de mis versos.
Porque segunda madre y primer sueño,
dulce maestra de mi quinto grado,
siento aromas de tiza y pizarrón.
Y en este examen por sentirme dueño
de regresar a pibe, retardado,
hoy te bato mi caliente metejón.
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LABERINTO CANCHERO.
A Jorge Luis Borges.
'El que dice burgués pronuncia Borges',
tartamudeó el chicato, despacioso,
junando al cielo con cara de pirado,
careteando en fingir hacerse el oso.
Los giles daban huevos por ficharlo:
poderlo franelear, enchabonados
a escracharse con él. El cholulaje
la juega de arrastrón en cualquier lado...
Pero el Yoryi fue un seso de primera.
Un pensante entrenao de ponga y meta.
Un marote a bastón yirando el mundo.
Que a veces se zarpó, como cualquiera,
y nos dio embole con su manganeta
de viejo sobrador, turro y profundo
^^^^^
LA FLACA
(In memorian, sin soneto ni sanata)
La jugaba de Freud y Tallaferro,
también de Marx y Catulín Castillo.
Tenía miga en el bocho la sofaifa
chamuyando balurdos que dan brillo.
De mufas, yo que sé, una ponchada...
Sabía el antes, el después y el que sé cuánto.
/Reciclaba fangotes de mi abuela
pa' batir mi porqué del desencanto/
Si andaba shome, con orsai del cuore
y embroyao de recuerdo el cablerío,
se acodaba a mi estaño, madrugada,
a escabiarnos una lágrima de olvido.
Lástima el punto que traía de arrastre,
un pinta casoriao, de verso y calma,
que le hizo un curro chambón del amorío
y le rompió hasta el himen de su alma.
Era pinga la flaca, era muy pierna;
Casi fue dueña de mi lado izquierdo.
Ternura inolvidable de amueblada...
De no haber sido por su chamuyeta
que cinchaba a Lenín con Pirandello,
no la habría tumbado la pesada.
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PUNTO FINAL.
Se afeitó como pudo, era la hora.
Armó el bagayo y se quedó esperando.
La parca le batió 'venga la llave,
se acabó tu pensión. Vamos andando'.
Y olvidao entre nubes y angelitos
escurre que en La Nada no hay fandango:
reventó con tres millones en el bolso
y Dios no le da bola, ni coimeando.
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FIOCA,
A mi viejo Pablo.
En el treinta era liso de yuguiyo
sobrando escracho con su trucha langa.
Remolón pal’ boliche y el escabio:
piantaba al trago que no le hiciera falta.
Era pinta dequera, sin camelo.
Inglés el casimir, alto y morocho.
Cuando rajó Irigoyen la yiraba
montado sobre un Oakland ’28.
Era radicha de alma, yo lo supe,
me lo batió un jovato en un estaño
que anduvo a rueda de él y de otros cosos
en el Avellaneda fulo de esos años.
No precisó ser olfa de caudillos
pa’ tirar su cafiola entre la mersa.
Minga de lata y bufo en la cintura,
la jotrabó de simpatía y conversa.
De profesión “chaufeur” el caralisa,
la yuta lo enrolaba en los decentes.
Cada cambio de chafe era tachero,
su otra ocupación independiente.
En eso andaba aquella noche bronca,
cuando un dorima arremetió de chumbo.
Informe policial: “asalto a un taxi.
El choferato se encuentra medio fundo”.
Nunca ortivó la justa de ese fato,
A mí me la contó muy diferente.
'Era un punto mamao'. 'Me olvidé el vuelto'
'Se ensartó con otro fercho, confidente'.
Se nos vino tordiyo y sin Carmela
se bancó la barraca de su estampa
No acusaba el retiro pero anduvo
ladeao dos años con un fueye en yanta.
Subió al Lacroze por el mes de agosto,
casi me saludó desde el estribo.
Yo miré pa’ otro lado, me hice el boncha.
¡justo cuando empezaba a ser mi amigo!
Hoy lo imagino de capota baja,
Yirando con un Santo de ladero.
Haciendo facha en la puerta de San Pedro
Y atracándose a las vírgenes del cielo.
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CANTOR DE PATIO
Suena a cuento que existió aquel guitarrero
alentado a tintillo y madrugada,
¡y qué gusto campanearlo al apilarse
montado en las seis cuerdas desgastadas!
El cantor que por siempre irá cantando,
vestía su corbatín y un saco oscuro...
Remontaba canciones nostalgiosas,
palabras amarillas del olvido,
las índoles del viento en cada estrofa
y un contracanto bronca en el rasguido.
Destemplado cantor del barrio antiguo,
adherido en el patio a un valsecito;
las yiros veteranas le apreciaban
su modo de junarlas, despacito.
Decía de andares con hembras y cuchillos,
y amaneceres lerdos, y neblinas.
El cantor melancólico del patio
tenía en la voz simpleza de glicinas.
Cayó sobre su sombra en un rasguido
el guitarrero aquel, de patio y vino.
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AL AMANECER.
Cruza el 'autito azul', inclaudicable,
Por la avenida, sola, va una mina.
enganchado a un silbido arma su kiosco
el que vende los diarios en la esquina.
Un laburante aguanta en la parada
a un bondi demorao, que nunca llega.
Vienen dos pibes compartiendo un fumo,
reventados de birra y tanta yerba.
Y de coraje trucho, los pendejos
nafan el casetín, de atropellada
a un checo estacionao lejos del foco.
Y siguen su rolar, como si nada.
Al toque curran a la pobre mina:
sevillana, cartera y disparada
cuando el autito azul, ¡qué mala leche!
lentamente volvía de recalada.
El mayor fue boleta de movida:
chumbazo y a cobrar, sin balotage.
Y aunque el más chiquilín siguió de vuelo,
los canas lo dejaron que se raje.
Un chorito finucho en la cuneta.
Baja el taquero del auto patrullero.
Viene el coleta que tardaba tanto.
Truena en la radio un tango de Rivero.
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AQUEL VECINO.
El hombre se escribía su versito
iluso que una vez alguien dijera:
'sí, es el que yo le digo, uno bajito
que vive aquí nomás, a dos veredas'.
Nadie lo veía andar, sombra en la niebla,
perdiendo sin cesar sitio en la fila.
O soledoso algún domingo al parque
a chamuyar con el yobaca de la estatua.
Todo cuánto buscó lo halló deshecho,
sin gloria ni manera de un regreso.
La vida hizo la suya sin mirarlo,
ni un cacho de atención. Menos que eso.
La muerte lo emparvó sin darle aviso.
Una siesta, cansao, siguió de largo.
El hijo no llegó, estaba en viaje.
La esposa lloriqueó más que llorarlo.
'De puro cabezón no vivió mucho',
ella, que ya ni apenas lo corneaba.
El mundo sigue igual. Sonó el vecino
que soñaba versitos. Casi nada.
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POLITEAMA.
Palabras desde aquel bar,
mi rincón que un otoño se fuera.
A este Buenos Aires lo inventamos cien locos,
cien tipos aburridos cerquita del suicidio.
Y esta tarde me puse a mirarle la entraña
/boliche de mi barrio, cómo se habrán reído/
Los sábados se instalan sobre mi lado óseo,
ese costado duro donde adormece el canto.
Y este sábado agosto llueve todas las lluvias
y yo esperando a nadie. Lo hago de tanto en tanto.
Tuñón pasó hace un rato. Me regaló angelitos.
Erdosain se fue lento chapoteando su angustia.
Un protestón barbudo me propone revueltas
y gardeles de trapo cantando letras mustias.
Un diariero aguachento bancando pulmonías.
Taxi, va una pareja y amueblada furtiva.
Cruza un fiolo empolvado que olvidó el almanaque:
rebusque vespertino de yiranta aburrida.
/Qué sábado a la tarde de lluvia y compañía/
Ni está el loco de siempre explicando razones
y este costado duro donde recuesto el canto,
hoy lo mastica el solfa de antiguas frustraciones.
Me lo comen las minas que habitaron mi sábana
y amasados acordes de insomnio guitarrero.
Esta astucia constante de estafarme yo mismo
y mi triste zoncera de creerme mosquetero.
Politeama, boliche, te inventaré otro sábado
con pibes que nos suban remando la alegría,
y que canten gritando su manera futura
aunque la tarde escurra pañales de agonía.
Que entren sin importarle lo que dijimos antes,
y si importa, que apenas nos digan buenas tardes.
Que esta mufa no siga llorando letanías,
Y se muera el cafiolo y el diarero se salve.
Yo te juro, me borro de escribirte palabras
aunque aquella no vuelva cuando llegue ese día.
Ni le diré al mozaico que manotea la guita
/un feca cuatro mangos... qué cara está la vida/
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12 DE OCTUBRE DE 1492.
12 DE OCTUBRE DE 1492.
... entraron con sus cruces y lanzas criminales,
y los de aquí sólo éramos personas.
Y un imprevisto amanecer vinieron y llegaron,
jineteando en el lomo del mar estrepitoso.
Del mar, motín de sal y oquedad milenaria
inmemoriales hombres pisaron nuestra playa.
Aquí vagaría el sol desflorando la sombra,
satinando la pampa que era una resonancia.
Interminable y sola extraviada en los mapas,
la pampa indoblegable de todas las centurias.
De metales y arneses vinieron y llegaron,
y aquí sólo el silencio de Dios y sus verdades.
Esa verdad en silencio que repiten los tiempos
sin sermones confusos ni discurso inventado.
La inmensidad, un delirio, ensueño y desmesura
quebrada por navíos que llegaron de lejos.
Y dicen, no se sabe todavía,
que por casa no había eco de los galopes
de caballadas potras, crin al viento y relincho.
Ni siquiera el arrullo rasguido de una viola
conmovería la calma de los anocheceres.
Llegaron esos hombres de metales y arneses
a tanto territorio de soledad muy sola.
A esta incesante fragua de agobiadores soles
y enrojecida siesta demorando el paisaje.
Vinieron y llegaron cuando cada montaña,
peldaño de misterio,
colgaba de los aires su racimo de aroma,
más los ríos libertarios disponían del reflejo
y el contracanto al canto de pedregal y orilla.
Sí, aquí soltaría el viento su natural capricho
cargando los pulmones de albedrío pajarero.
Bailaba la hojarasca del repleto follaje
y tronaba el prodigio de la mágica lluvia.
Esos hombres llegaron y en la playa, nosotros.
Nosotros en la playa del tiempo que les digo,
achicados de asombro por la grandiosa nave
y metálicos seres venidos desde el agua.
Tanto temor callamos. Y tampoco dijimos,
que tal vez allí mismo haya empezado el hambre.
Y ocurrió ciertamente: de una choza a la otra
con palabras invictas hablamos del suceso,
contamos la noticia.
Bien teníamos palabras que unidas a las nuevas,
traidas en los barcos,
son memoria y enigma del saber quienes somos.
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... entraron con sus cruces y lanzas criminales,
y los de aquí sólo éramos personas.
Y un imprevisto amanecer vinieron y llegaron,
jineteando en el lomo del mar estrepitoso.
Del mar, motín de sal y oquedad milenaria
inmemoriales hombres pisaron nuestra playa.
Aquí vagaría el sol desflorando la sombra,
satinando la pampa que era una resonancia.
Interminable y sola extraviada en los mapas,
la pampa indoblegable de todas las centurias.
De metales y arneses vinieron y llegaron,
y aquí sólo el silencio de Dios y sus verdades.
Esa verdad en silencio que repiten los tiempos
sin sermones confusos ni discurso inventado.
La inmensidad, un delirio, ensueño y desmesura
quebrada por navíos que llegaron de lejos.
Y dicen, no se sabe todavía,
que por casa no había eco de los galopes
de caballadas potras, crin al viento y relincho.
Ni siquiera el arrullo rasguido de una viola
conmovería la calma de los anocheceres.
Llegaron esos hombres de metales y arneses
a tanto territorio de soledad muy sola.
A esta incesante fragua de agobiadores soles
y enrojecida siesta demorando el paisaje.
Vinieron y llegaron cuando cada montaña,
peldaño de misterio,
colgaba de los aires su racimo de aroma,
más los ríos libertarios disponían del reflejo
y el contracanto al canto de pedregal y orilla.
Sí, aquí soltaría el viento su natural capricho
cargando los pulmones de albedrío pajarero.
Bailaba la hojarasca del repleto follaje
y tronaba el prodigio de la mágica lluvia.
Esos hombres llegaron y en la playa, nosotros.
Nosotros en la playa del tiempo que les digo,
achicados de asombro por la grandiosa nave
y metálicos seres venidos desde el agua.
Tanto temor callamos. Y tampoco dijimos,
que tal vez allí mismo haya empezado el hambre.
Y ocurrió ciertamente: de una choza a la otra
con palabras invictas hablamos del suceso,
contamos la noticia.
Bien teníamos palabras que unidas a las nuevas,
traidas en los barcos,
son memoria y enigma del saber quienes somos.
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jueves, 2 de septiembre de 2010
EL PRECISO MOMENTO.
Debo decir, señora, que ya es tiempo de cambiarnos el trato.
De rozarnos un poco más al saludarnos, digamos, más de cerca,
ausentes que sus hijos y los míos,
esos algo más que indiferentes,
no aprecien ni sospechen que me aferro a
su blusa al decir ‘hola’,
y usted sonríe al callar que le ha gustado.
O que aguarda más que una caricia al paso,
al desgaire, ternura pasajera de algún desconocido,
sino un apriete más audaz y sustantivo que le brinde mi mano,
un toque anunciación,
no que le augure el reino de los cielos; ¿para qué tanto?
pero al menos le convoque tibieza debajo de su falda
en mitad del salón, y sin testigos.
Porque usted y yo, señora, en este instante,
defendemos la vida como pocos, al desprender
botones tras la piel intocada de su torso anhelante,
y sus caricias de camisa abierta al vello de mi pecho.
Sí, lo sabemos, somos grandes
si contamos los años y algún nieto,
pero los labios saben recorrer por donde
y diestros son los dedos contra mi cinturón y su corpiño.
Y el clima a desnudez, tan implacable y sin aviso,
ya nos tendió en la cama enteramente.
Si al fin, esto es lo cierto, nuestras bocas y manos comprendieron
que no existe el ‘demasiado tarde’
ni frases ya escuchadas de remontar pasados,
ni secretos perpetuos para siempre y por nada.
La verdad de la especie entró en nosotros,
en todos los sentidos a pleno y sudorosos,
a culminarnos juntos en el gemido mutuo
de este único cuerpo, que es el suyo y el mío
Y acaso sea el momento, mi amor, de empezar a tutearnos.
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De rozarnos un poco más al saludarnos, digamos, más de cerca,
ausentes que sus hijos y los míos,
esos algo más que indiferentes,
no aprecien ni sospechen que me aferro a
su blusa al decir ‘hola’,
y usted sonríe al callar que le ha gustado.
O que aguarda más que una caricia al paso,
al desgaire, ternura pasajera de algún desconocido,
sino un apriete más audaz y sustantivo que le brinde mi mano,
un toque anunciación,
no que le augure el reino de los cielos; ¿para qué tanto?
pero al menos le convoque tibieza debajo de su falda
en mitad del salón, y sin testigos.
Porque usted y yo, señora, en este instante,
defendemos la vida como pocos, al desprender
botones tras la piel intocada de su torso anhelante,
y sus caricias de camisa abierta al vello de mi pecho.
Sí, lo sabemos, somos grandes
si contamos los años y algún nieto,
pero los labios saben recorrer por donde
y diestros son los dedos contra mi cinturón y su corpiño.
Y el clima a desnudez, tan implacable y sin aviso,
ya nos tendió en la cama enteramente.
Si al fin, esto es lo cierto, nuestras bocas y manos comprendieron
que no existe el ‘demasiado tarde’
ni frases ya escuchadas de remontar pasados,
ni secretos perpetuos para siempre y por nada.
La verdad de la especie entró en nosotros,
en todos los sentidos a pleno y sudorosos,
a culminarnos juntos en el gemido mutuo
de este único cuerpo, que es el suyo y el mío
Y acaso sea el momento, mi amor, de empezar a tutearnos.
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